A mediados de la década de los ochenta, la música se encontraba por todas partes como pubs, fiestas, juntas de amigos y más. Sin embargo, el pop y la oscuridad comienzan a mezclarse en unos riffs  distorsionados en Escocia. En ese lugar se formaría la banda de The Jesus And Mary Chain y su disco de debut “Psychocandy” (1985). Este trabajo daría inicio al noise y al shoegaze.

Al momento de hablar de estas bandas indies de finales de los 80 y principio de los 90, se encuentran los comienzos de My Bloody Valentine, Slowdive, Ride, Pale Saints, Lush, Adorable y más. Sin embargo, los sonidos de Blur y Oasis fueron superiores en términos de masividad. En esa misma línea, Jim Reid (vocalista de The Jesus And Mary Chain) comentó en una entrevista para HumoNegro que “nunca encajamos, existíamos en nuestro propio rincón. William y yo éramos los Mary Chain, y cuando pasó el grunge no teníamos nada que ver con eso; cuando llegó el brit pop no teníamos nada que ver con ellos, todos estos géneros que iban apareciendo nos excluían”.

Este álbum se caracterizaría por sus toques pop, pero con guitarras sumamente sucias como es el caso del single “Never Understand”. Desde esas ruidosas ondas se mostrarían al mundo los hermanos William (guitarra) y Jim Reid acompañados por Douglas Hart (bajo) y Bobby Gilliespie (batería) y líder de la banda Primal Scream.

Desde un lado más tranquilo, la canción que abre este disco esencial del noise, es “Just Like Honey” siendo el track más famoso de la banda, la cual inicia con unos golpes en la batería y los tres acordes del inicio acompañados del pedal fuzz de William. Para muchos oyentes, la melodía los transporta al final de la película “Lost In Translation” (2003) de Sofía Coppola.

Continuando con la trayectoria del disco, varias de las canciones son cortas, enérgicas y distorsionadas . De ahí, destacan “The Living End”, “Taste of Floor”, “Never Understand”, “In a Hole”, sacando el lado más punk de la banda.

En una mirada más global, The Jesus And Mary Chain y Cocteau Twins en Escocia, marcarían los sonidos de gran parte de los noventa. Los primeros aportarían con melodías ruidosas, mientras que los segundos mostrarían un sonido más angelical con la voz de Elizabeth Frazer que nadaría por las notas etéreas del dream pop.