Con ojo visual fuerte en historias humanas, Andrés Wood nos ha acostumbrado a películas que nos conmueven, nos hacen reflexionar acerca de nuestra historia o logran cautivarnos tanto por su trama como también por sus personajes. Es así como el director nacional nos ha presentado obras como Machuca (2004), La Buena Vida (2008) y Violeta se fue a los cielos (2011), todas destacadas dentro de nuestro cine nacional. Todas las anteriores, cintas con un factor humano más que destacable, ahora el director de Historias de Fútbol (1997) regresa a las salas, esta vez, con Araña, un montaje doloroso, que habla del caos y el miedo que actualmente se siente por medio de los discursos de odio que han vuelto a levantarse, al igual como lo hiciesen a principios de los 70 en nuestro país.

Todo parte en el Chile actual, donde un viejo y desgastado Marcelo Alonso nos presenta a Gerardo, quien luego de impedir un lanzazo por medio de la violencia extrema este termina siendo procesado. Por otro lado tenemos a Inés -interpretada por Mercedes Morán-, quien vive una vida acomodada en el barrio alto de Santiago, hijo, nietos y la presidencia de un directorio son su vida diaria, además de su esposo Justo (Felipe Armas). Simplemente una vida sin altos ni bajos, al menos hasta que esta se entera de la detención de Gerardo y es ahí donde los recuerdos comienzan a regurgitar desde su memoria y su pasado. Un tiempo pasado, una historia olvidada, casi como un fantasma que los vuelve a penar se siente la presencia de personaje de Alonso para Inés, Justo y la vida que han construido desde que eran jóvenes.

La historia que a estos tres personajes los unían, era una historia que se creía enterrada o escondida, como esa basura que uno oculta bajo las alfombras o los vestigios de algún recuerdo que queremos esconder bajo la cama. Aquello es un relato que nos habla del fanatismo nacionalista de los 70, un movimiento anti marxista que surge desde la oligarquía chilena de aquellos años y una guerra inventada por ellos mismos por medio del grupo de extrema derecha, Patria y Libertad.

La cinta en sí, nos muestra los pecados de Inés y Justo en aquellos días de militancia y cómo le pesan a sus vidas actuales, las cuales se construyeron gracias a ese discurso de odio que mantienen y tratan de justificar con frases tan clichés como que “lo que hicimos fue necesario para el país”. Por el lado de Gerardo en cambio, Wood nos muestra a un personaje violento y psicópata, sin cambios ni remordimientos en lo que fue su pasado y lo que es su presente. En aquel tratamiento de personajes, el director encuentra las piezas precisas para hacer detonar a estos tres ex Patria y Libertad, piezas que hacen que el personaje de Inés explote en cólera contra su hijo por no entender “los sacrificios” que ellos hicieron, o Gerardo tratando de justificar la violencia contra otro ser humano solo para defender su propiedad privada y “su derecho como chileno” que es.

Araña si bien es categorizada como thriller, esta no es un thriller que desborda suspenso y acción adiestra y siniestra o una historia de psicópatas como los del universo de David Fincher, sino más viene el género thriller que -Andrés Wood en la dirección y Guillermo Calderón en el guión-,  tratan es desde el lado más emocional del género, donde la acción corresponde más bien a los miedos, al caos, la violencia y la psicosis que los personajes de Felipe Armas y Mercedes Morán van experimentando con el paso de los minutos. Estos se vuelven temeroso de su pasado, viven en un ejercicio constante de mirar sobre su hombro para asegurarse que la sombra de su juventud no se asome por su presente, y así no manchar lo que han construido. 

En tanto para Gerardo, su pasado no es más que una viga con la construyó su presente, sus ideales, su forma de pensar y ver el mundo, la cual quizás pudo ser diferente, pero el rol de sus compañeros de armas durante su época de militante fue un justificativo para la violencia desmedida que este trataba de imponer y justificar, es así entonces, que en su presente aun justifique sus discursos de odio, fascistas y nacionalistas, los cual hace unas décadas se podía sentir como mera ficción, pero que en el Chile actual el personaje de Gerardo puede sentirse más común de lo que pensamos, esto por la resurrección de dichos discursos por medio de políticos que se amparan en la misma visión psicótica que poseían tanto Gerardo como sus compañeros al momento de justificar la lucha del Patria y Libertad. Por lo mismo este fantasma del pasado, es una bofetada de realidad y suspenso hacia nosotros los espectadores.

La cinta más que un thriller político y como sucede básicamente en la mayoría de la filmografía de Andrés Wood, esta ocupa el sitial más cercano a la crítica sociopolítica, por medio de personajes como el de Inés y Gerardo quienes son incapaces de avergonzarse de su pasado, de sus acción y de lo que hicieron como militantes de extrema derecha, los cuales son seres que fácilmente podemos encontrar en la fauna chilena, tales como lo son los adherentes a los discursos de odio de políticos de extrema derecha, o los tan odiados comentarista de medios digitales como El Mercurio, Radio Bio Bio o ADN, o bien, simples personajes que se amparan en la libertad de expresión para poder difundir un discurso de odio que preocupa dado su aumento no sólo en Chile, sino que en otros sectores tanto de Latinoamérica como Europa. Es así como el director de Machuca nos vuelve a golpear con una verdad incomoda, un filme en donde las imágenes del pasado se vuelven más actuales hoy en día y las imágenes del Chile actual son un espejo del pasado, pero por sobre todo del odio y lo efectivo que han sido los discursos de ese tipo para más de algún sector de nuestro país, por lo mismo cintas como Araña invitan a plantearse a reflexionar acerca de este tipo de discursos, de este tipo de personas, y por sobre todo a reconocer la historia y evitar repetir aquellos momentos.