Nueve son las canciones que construyen el primer larga duración -y debut discográfico-, de la banda de math rock Arias. Estas nueve composiciones instrumentales son el mapa con el que la banda arma su propio sonido y define no sólo su música, sino que con ellas construye un disco que explora conceptos ligados a la naturaleza y la fauna.

Por Ricardo Arriagada

Toda el ritmo vertiginoso que Arías explora en este, su primer disco que lleva por título «Estrellas de Madera«, parte con “Cerro Tronador”, el cual casi con una explosión de guitarras, bajo y batería nos recibe y nos da la bienvenida a los sonidos que la banda va creando, como si el tema en sí fuese la naturaleza misma, y las armonías sonoras de la banda los sonidos que dentro de esta naturaleza se encuentran. Es así que la banda nos envuelve rápidamente en un ritmo que logra transmitir tanto tranquilidad como energía, casi como la naturaleza misma. Si bien toda la potencia inicial de “Cerro Tronador” apenas dura tres minutos, esta no sólo se queda en dicho tiempo, ya que pegadita a ella viene “Correr (Antes de Saltar)”, que funciona como una extensión del primer tema, pero si bien en el primero abundaban las armonías y los sonidos de los instrumentos por separados, en este logra brillar todo el conjunto de lo que es Arias, ya sea con la carga rítmica de tener a los cuatro instrumentos dándolo todo, como también cuando cada uno de ellos se vuelve protagonista dentro del tema mismo.

Continuando con el disco aparece “Tierra y Hojas”, una especie de interludio, el cual no alcanza a llegar a los dos minutos de duración, pero la emocionalidad que transmite es tomada por “Viento de Otoño”, el cuarto track de este material, donde la banda deja de lado los ritmos más fuertes y enérgicos para transformar todo su sonido en algo más emocional y hacernos apreciar de mejor forma la instrumentalidad del tema. Gracias a la calma y tranquilidad que este transmite, podemos sentir la armonía de forma grupal que explora y le da vida a este tema. La misma emocionalidad anterior, la banda lo extiende y alcanza a los primeros minutos de “Floresta”, el quinto tema del disco, en donde Arias logra mezclar toda la calma emocional que nos transmitió en “Vientos de Otoño”, pero jugando esta vez con distintos ritmos en base a la misma calma, demostrando potencia y fuerza desde lo emocional y sin la necesidad de hacer explotar todo.

Casi para cerrar este segmento en donde todo el math rock se transformó en una especie de “emo jazz” llega “Plumas en el Quillay”, un tema corto, donde la batería eléctrica y el teclado se vuelven predominantes y en base a bits logran evocar un sentimiento de paz, el cual es destruido casi de inmediato con “Josesa”, un tema que en casi cinco minutos es capaz de liberar todo el potencial del math rock de Arias, en donde la banda levanta toda la armonía emocional de sus instrumentos, los que guiados por medio de las guitarras van cambiando y pasando por distintas atmósferas y estados, logrando así un ritmo vertiginoso lleno emocionalidad y a la vez rebosante de energía.

Con “Vuelo (1000 msnm)” Arias comienza a pavimentar la despedida de Estrellas de Madera. Si ya “Josesa” nos daba una señal del potencial que podía alcanzar la banda, esta canción viene a reforzar esa idea. Los cambios de melodías abruptos, el juego entre las cuerdas, las percusiones y el teclado, y la complicidad entre los distintos ritmos hace a este tema uno de los más destacables del disco y a la vez uno de los más difíciles de describir y definir, esto debido a sus constantes cambios en el ritmo, los que arman y desarman la estructura del tema y lo transforman en una composición llena de matices y capas, la cual es posible apreciar en distintos niveles y estados de ánimos.

Para dar el gran final, la banda escoge “No mires hacia atrás”, una melodía que en su inicio parece más un outro, un final simple y limpio para lo que es este, su primer disco, pero con el paso de los segundos aquella simple melodía se extiende y se van sumando los distintos instrumentos, logrando cambiar el enfoque y la atmósfera de este final, el cual deja de lado la simpleza del inicio y termina siendo un tema con distintos arreglos y ritmos un tanto folklóricos –por definirlos de alguna forma-, pero con todo ese virtuosismo creativo que entrega el math rock.

Estrellas de Madera funciona en distintos niveles, al igual que el math rock que Arias compone, ya que reafirman la sensación de que aunque hayan un sinfín de bandas agrupadas en este estilo, cada una es muy distinta al anterior, sobre todo en este lado del mundo. Por ejemplo, el sonido de Arias en donde las cuerdas hacen las veces de maestro de ceremonias y componen un sonido con conceptos pseudo folclóricos y experimentales, es muy distinto al math rock que hace Malviaje en Argentina, el cual es más rápido, potente y con atmósferas más crudas, o en el caso de bandas nacionales es distinto al experimental que compone tortuganónima o el math con influencias japonesas de Cazamareas. Arías con este material no sólo nos exponen el sonido en el que han trabajado, sino que también los conceptos que han trabajado para resolver dicho sonido, es por lo mismo que a la larga el álbum pareciera una banda sonora de un documental sobre la naturaleza chilena o que ratos se sienta como si los propios sonidos del campo, los ríos y los desiertos fuesen transformados a este sonido que Arias busca transmitirnos bajo el alero de Estrellas de Madera.

Escucha Estrellas de Madera a continuación: