Me acuerdo que cuando supe que Aurora vendría por primera vez a Chile me extrañé mucho. Claro, las circunstancias eran distintas y, en ese momento, iba a reemplazar a Tyler, The Creator, rapero reconocido por sus intensas y energéticas actuaciones en vivo. ¿Cómo alguien con una voz tan suave y delicada como la noruega iba a poder llevar a cabo la tarea de una presentación similar? Y me quedé con la duda porque no fui, pero anoche ella misma fue quien me despejó de cualquier cuestionamiento.

Creo que nunca había visto la Cúpula tan llena como anoche. La calidez y el respeto con el que el público recibió a Dulce y Agraz y Siljia Sol, las artistas invitadas, me dio la sensación de un festival, ninguna de ellas era telonera. Pero ya cuando apenas faltaban minutos, sólo se escuchaba una palabra: “Aurora, Aurora, Aurora”. Los Warriors coreaban por su valkiria.

Desde el momento en el que se subió al escenario, la vocalista de 22 años hizo gala de toda su energía. La entrega mutua entre ella y su público fue el espectáculo en sí. Los regalos volaban desde la audiencia hacia la plataforma y ella respondía con palabras de amor. El reencuentro fue más personal de lo que esperaba y, a ratos, se veía algo conmovida, superada, por todo el cariño recibido, que actuaba de combustible. La eslava se entregó en cuerpo y alma sobre la tarima de la Cúpula, danzando cada canción como una ninfa de colores flúor entre las grandes y brillantes medusas que conformaban la escenografía.

Con sólo dos álbumes y un EP a su haber, Aurora es una artista en ascenso. Pero no sólo es una bola de energía de voz angelical, ella y su música son un concepto. La celebración de la individualidad, de lo maravilloso que es ser un humano único, sin repetición, de amarnos como somos, palabras que volvía a repetir una y otra vez. Es que ser humano no está mal, querer cambiar el mundo tampoco, y ella le entregó esa esperanza a sus fans, ese amor que pocos artistas pueden entregar a un nivel tan personal.

El material de estudio con el que Aurora cuenta es escaso, sin embargo, pudo darnos un espectáculo de poco más de hora y media. Es que para sus seguidores, cada canción es un clásico moderno, aprenderse las letras es casi religioso, por eso cada una de ellas fue coreada, ese fue el abrazo de Chile para ella.

Revisa la galería de imágenes / Fotografías por Mística Escobar