El Noruego de padres chilenos se presentó por primera vez en nuestro país el pasado sábado 16 de noviembre en Blondie. Con más del 90% de las entradas vendidas, Boy Pablo desató euforia adolescente ante un público que coreó su show de principio a fin.

Una visita esperada, el concierto de Boy Pablo en Chile llamó la atención desde el primer momento en que se anunció. El noruego de padres chilenos estuvo cosechando seguidores desde el 2017, cuando su video «Everytime» se volvió viral por varias semanas. La notoria similitud con Mac DeMarco, el video de bajo recursos y la corta edad de sus integrantes, fueron la mezcla perfecta para un público que disfrutaba del indie rock.

El joven músico que no olvida sus raíces chilenas, llegó a nuestro país en medio de un estallido social aún latente, donde ya se han confirmado que más de doscientas personas han perdido sus ojos producto de la represión policial. El concierto pactado para este sábado 16 de noviembre en Blondie, contaba con más del 90% de sus entradas vendidas y se notó. La fila al exterior de Blondie daba la vuelta de la calle, en su mayoría público sub 20.

Con unos minutos de retraso, Gabriel Muñoz, Sigmund Vestrheim, Henrik Åmdal, Eric Tryland y Esteban Muñoz entraban al escenario en medio de gritos y aplausos, los que se volvieron euforia cuando Nicolás Pablo Muñoz, Boy Pablo, entró con su característica camiseta de la selección chilena del mundial del 98′ y comenzó el show con «Yeah (Fantasizing)», canción con la suficiente fuerza para hacer saltar y corear a un público que desde principio se mostraba con una buena energía y disposición, continuó «Wtf» para dar paso seguido a «Feeling Lonely«, la cual estuvo acompañado de juegos y karaoke, tres canciones en cuales el músico demostró la química con su banda, sobre todo con Eric Tryland, quien se presenta casi como un showman en el escenario.

Créditos: Julio Bustos

Tal de un concierto adolescente, los regalos volaron al escenario, pero ni Pablo, ni los demás integrantes los ignoraron, una gorra que usó durante todo el show, una camiseta de Colo-Colo y una chapita, fueron parte de las cosas que llegaron a los pies de los músicos. Continuó «Ur Phone» la que se unió a «Roar«, pequeño cover de Katy Perry que lograron unir de manera que se sintiera como una sola canción. Con un perfecto español y una humildad que se agradece, el frontman saludó a los asistentes, quienes aprovechaban cualquier oportunidad para soltar los cánticos característicos de estas semanas, «el que no salta es paco», «Piñera culiao», incluso, «chupalo Karol Dance».

Con un show que no baja en ningún momento de intensidad, Muñoz y compañia presentaron, «JD’s Song«, una nueva canción continuada de «Sick Feeling» y «Ready/Problems«, todas coreadas y bailadas por el público que de cierta forma, quería escapar, al menos por un momento, de la realidad que estamos viviendo. Las canciones de Boy Pablo se alejan de la calidad del disco, el sonido a veces carecía de definición, pero la sencillez y un buen desplante, hacen que Pablo se sienta como amigo de cualquiera de nosotros.

Créditos: Julio Bustos

La primera parte del show finalizó con «Beach House«, «Everytime» y «Tkm«. todas coreadas enérgicamente. Boy Pablo sale del escenario dejando la sensación de un show corto, pero que en verdad dejó todo el escenario. La ausencia duró tan solo unos minutos, devolviendo a los noruegos en medio del cántico «Pablito, escucha en Chile se tortura». El músico sacó a relucir sus raíces interpretando el cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors, clásico de la nueva ola que el músico explicó que fueron sus padres quienes se la enseñaron, acentuando la importancia de estos en su vida musical. Tras el homenaje, Pablo fue por otro cover, esta vez la pegajosa «50 Souls and a Discobowl» de The Lionheart Brothers, canción que dejó los ánimos a mil, sin polera y dejando todo en el escenario, Boy Pablo se despidió con la enérgica «Dance, Baby!«, el final perfecto para un show que, a pesar de su sencillez, fue una bomba de fuerza y energía vibrante, la unión del músico con su público y un desborde de buena onda que inundó por más de una hora a la mítica Blondie.

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