Los responsables de los sencillos “Pompeii” y “Laura Palmer” han estado desde 2010 tratando de encontrar su espacio en la escena musical con su sonido independiente generado por la fusión de distintos géneros musicales en sus creaciones.

Con ya dos álbumes en el recorrido, una colaboración con Marshmello y siendo parte del soundtrack de la película original de Netflix “Bright” (protagonizada por Will Smith), nos presentaron hace solo 7 días atrás su más reciente trabajo de estudio: “Doom Days”, o “días de perdición”, que planea sumergirte en la historia de una salida nocturna rumbo a una fiesta “apocalíptica”.

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En esta entrega musical, la banda oriunda de Londres relata una historia concreta, la historia de una salida nocturna, la cual da comienzo a las 12:15 a.m, tal como la canción inicial “Quarter Past Midnight” indica. Desde aquí, el resto de los temas relatan lo que va ocurriendo en una instancia exacta durante el transcurrir de la noche. Dan Smith, vocalista y fundador de la banda, le explicó a 101WKQX que la historia de la noche se usará como un «vehículo para hablar de muchas otras cosas», algunas de las cuales están inspiradas por eventos reales en la vida de Dan durante el año pasado, así como también de experiencias que cualquiera de los integrantes ha vivido en algún momento de sus vidas en sus noches de juventud; además de sugerir que la instrumentación tendría un leve “guiño” a la música de los noventa, utilizando ritmos similares.

“Queríamos enfocarnos y lograr algunas de las melodías más representativas de los noventa, sonidos escurridizos y con un toque de ambiente electrónico nocturno, y al mismo tiempo que se sintiera cálido y humano, por lo que incluimos mucho apoyo de saxofón, algunos coros de fondo, predominando el estilo gospel en ellos, así que sí, realmente es toda una mezcla de eso; la idea es más o menos poder tomar el arco de lo que ocurre en una noche de fiesta, desde las 12:15 am hasta la mañana siguiente despertando en el piso de la cocina del lugar de la fiesta, donde el álbum toma todos los ruidos, sonidos y emociones de esa situación.” Fue parte de la conversación de la banda con la revista DIFFUS.

Por lo que a estas alturas queda claro que la noche es un escenario fundamental para el disco, perfecto porque proyecta una especie de escape a la realidad de la rutina, en persecución de distintos placeres. Como mencioné anteriormente, cada canción es lo que pasa en la fiesta donde se encuentra vagando el narrador con esta misma visión, a una hora específica. Esta decisión que apoya la forma de relatar de la banda se puede apreciar en la contraportada de la carátula del disco en físico.

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Pues así comienza el desmadre, en la casa de un desconocido y simultáneamente lo hace el álbum con acordes de piano y la inconfundible voz de Smith, para más adelante dar paso a una guitarra que precede un ritmo más energético, que si hay un poco de alcohol en tu sistema, te daría la adrenalina para empezar a correr y hacer “cosas raras”, como el mismo frontman de Bastille menciona, que solo nos atrevemos a hacer de noche para evadir lo que nos carcome la cabeza durante el día. Con frases como: “Pero somos los perdedores que están en los asientos traseros cantando “Love Will Tear Us Apart”/¿Por qué siempre estamos persiguiendo algo? Es como si trataramos de acabar con nuestras vidas/Nunca sabemos lo que tenemos, nunca supimos lo que teníamos”, ya percibimos el camino por el que Bastille nos va a llevar por 40 minutos, interrogantes existencialistas adaptadas al mundo millenial que estamos viviendo.

Poco más de media hora después, hace aparición “Bad Decisions” con efectos notoriamente más tétricos, generados por su sintetizador OP-1, una de las herramientas de trabajo que más utilizaron para la producción, logrando los sonidos de índole más apocalíptico que querían lograr traspasados a los teclados. En compañía de ellos, la batería que lleva muy bien el tempo y un bajo un poco desapercibido al principio, te arrastra con su línea melódica durante la canción que junto con los coros que hacen resonar las palabras de Dan, comienzan a desenvolver los hechos de la fiesta a través del análisis de las estupideces que cometemos conscientemente pero de igual forma hacemos. Acaparando toda tu disposición auditiva para ya indagar en lo que se propusieron hablar: Como formamos nuestro punto de vista sobre las problemáticas en el mundo, desproporcionadas en comparación a nuestra humanidad. Cada injusticia, cada falsedad, cada encubrimiento, cada secreto a voces, acumula cada vez más peso en nuestra conciencia que nuestra única salida para aliviar esa carga diaria muchas veces lo logramos con alcohol, drogándonos, bailando, sexo pasajero en compañía de amigos haciendo lo mismo, el mismo lenguaje sin palabras, solo acciones más superficiales que irónicamente, nos convierte la vida más llevadera.

Así persiste en “The Waves” y “Divide” en un ambiente que denota más nostalgia en su ritmo más flojo y letras que básicamente describen esfuerzo por entender como seguir adelante con la lucha que envuelve su entorno en lo que aún queda de noche.

De la esencia a balada que nos dejó esta última, retoman el pulso más pop en compañía de los infalibles coros gospel en “Million Pieces” donde por primera vez se advierten componentes de la electrónica estilo EDM, claro que, aplicados al estilo “Bastille”.

“¿Cómo es que luces tan perfecta?

Debes tener algunos retratos en el ático

Nos quedaremos fuera de línea para que nadie salga lastimado

Escondiéndonos del mundo real

Solamente no leas los comentarios nunca, nunca

Jodimos esta casa como al planeta…”

Estos son versos pertenecientes a “Doom Days” canción homónima del álbum, segundo single lanzado por la banda meses antes del lanzamiento oficial, en el que tocan un tema que la banda estaba muy entusiasmada de poner sobre la mesa dentro de todo su interés sobre contingencia social: Nuestra dependencia al internet y las redes sociales. Con el ritmo de la canción en crescendo, evidencia de forma urgente nuestro esfuerzo a la dependencia de proyectar todo lo que podamos sobre nosotros incluso cuando no somos nosotros, solo entregamos la mayor cantidad posible de información al igual que la consumimos, saturándonos sin darnos cuenta.

Luego de la intervención más polémica en el disco, acompañada de elementos más que electrónica son más propios de trap, llegamos al clímax del relato con “Night Creatures”, con versos no tan densos dirigidos a una persona en particular, un/a acompañante; mientras que musicalmente pasa algo muy similar a lo que ocurría con las dos canciones que sucedían a las dos primeras del disco, siendo el único elemento que te hace mantenerte conectado con la línea melódica los backup vocals que invaden tus oídos.

Enfocándose en el objetivo de los londinenses de poner atención a la línea cronológica, no hay mayores novedades hasta que llegamos a “Those Nights”, donde ya son las 05:46 a.m., más de 5 horas del inicio de todo y pasamos de un estado de euforia de la canción anterior a calmados acordes del sintetizador y saxofones protagonistas, que ubican al narrador en algún lugar de la casa en espera a la salida del sol en unos cuantos minutos más. Ha encontrado a alguien, pero en este momento donde la fiesta prácticamente ya ha acabado, se pregunta que es lo que va salir de aquella unión al salir del espacio en el que han estado encerrados toda la jornada, ¿Es algo real? ¿Hay posibilidades de que sobreviva genuinamente o será tan pasajero como la noche que acaban de vivir?

De cualquier forma no es aquí donde acaba la historia, es con la canción siguiente; “Joy”, con este personaje despertando en el piso de la cocina del anfitrión. Tal como el título indica, distinguimos el ritmo tan alegre que caracteriza al pop, pero aún así, uno propio de Bastille fácil de relacionar con temas anteriores. Esta vez, a diferencia de los temas anteriores, ya no se perciben sonidos que nos encuadren en un ambiente tétrico o apocalíptico, dejando en claro que todo pensamiento anterior de preocupación o ansiedad se esfuma, con la llamada de la persona que estabiliza la vida del protagonista. Aquí es donde termina el viaje de los británicos, retornando a su sello que los define como banda, logrando que sus seguidores vuelvan a sentir esa cercanía a su esencia musical.

Es una banda que persiste en sonidos alternativos guiados más hacia al camino del pop sin duda, eso si es que debemos definirlos, pero poco convencional, y se distingue en su producción casera, coordinando los instrumentos para interpretar un género y de un momento a otro, crear a un puente que los lleve a la mezcla con otro, además de saber organizar de manera correcta las voces de fondo, donde saben en que parte de la canción deben presentarse y dar una sensación de extensión de lo que finalmente, nos quieren transmitir. Como producen su música y sus proyectos han tomado este camino más independiente sin trabajar con productores tan connotados, han terminado de aprender a como llegar al sonido que los ha distinguido desde la génesis de su carrera, logrando entonces en su último lanzamiento llegar a una innovación sin fallar a su “marca personal de Bastille”.

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Este disco podría ser una opción en una noche de viernes si prefieres quedarte en casa en vez de salir y terminar de hundirte en interrogantes que quizá rondan por tu cabeza, pero esta vez sobrio y en el calor de tu casa. O bueno tal vez, junto a una botella de alcohol.