Es un hecho. Chet Faker ya no existe.

Parecen ser dos personas o músicos parientes, pero en realidad es un solo hombre y su alter ego. Chet Faker, quien por el año 2016 fue parte de uno de los virales más reconocibles de YouTube, versionando el éxito R&B de los 90’s “No Diggity” alcanzó los 3.5 millones de visitas. Un tipo que solamente con su piano tipo Rhode y una gran barba nos llamó a todos la atención por lo que podía lograr de manera tan minimalista. Ahora, ha mutado, ha optado por la reinvención. Ya en una etapa de madurez musical, ha refundado su estilo volviendo a sus raíces e intentando mostrar una cara más honesta de lo que tiene para entregar, componiendo desde ahora bajo su propio nombre; Nick Murphy.

Nick quiso re-escribir su historia, dejando de lado su antiguo seudónimo que respondía a un forzado tributo al gran trompetista y cantante Chet Baker. Esta vez como él mismo señala, dedicándose a la introspección, queriendo responder a sus propias incógnitas y luchas personales, no olvidando su pasado sino que tomando otra ruta en su ya formado camino como músico y productor.

A través de viajes tanto físicos como espirituales por el mundo oriental, pudo conectar con sus propias ideas que lo llevaron devuelta al estudio después de 5 años de ausencia para concretar “Run Fast Sleep Naked”. Esta vez, buscando nuevas combinaciones de sonidos y ritmos, explorando su creatividad a través otros instrumentos junto a 15 músicos y una orquesta completa, que congenian en un disco difícil de encajar en un solo estilo, que más bien representa un estallido de elementos que apuntan en muchas direcciones, pero que en un final parecen
tener sinergia entre sí.

La carrera de este productor y Dj Australiano ha ido sumando cada vez más éxitos, desde 2012 con su álbum debut, hasta sus últimas colaboraciones con Flume y Marcus Marr. Sus combinaciones particulares sumando jazz, soul, hip-hop, electrónica e indie en un mismo trabajo ha sido bien recibido por la crítica y es algo interesante de destacar, repasando sus más famosas entregas que lo llevaron a ser #1 en Australia y ganador de numerosos  reconocimientos como artista revelación o artista del año. 

Desde un principio, el ex Chet Faker nos demostró su creatividad, a través de su primer disco “Thinking In Textures” lanzado en 2012, en este nos mostraba que era factible combinar en un mismo LP, sonidos de la electrónica, letras y beats de la mano del Hip-Hop junto al Soul, sumado al ambiente indie que lograba concretar en su música y letras.

De aquí surgieron sus más reconocibles éxitos, como “No Diggity” que nos envolvía en una atmósfera increíble, llevándonos a conectar rápidamente con sus intenciones y “Love and Feeling” con elementos cercanos al Low-fi y la producción casera, lograba llegar a una catarsis emocional bastante satisfactoria. Un Disco que sin duda a más de alguno sorprendió, pero a la vez, en algún punto, se tornaba algo predecible y repetitivo. Reflejando la imagen de un Dj que intentaba encontrar su sonido, combinando a veces forzosamente todo un espectro de elementos.

Luego, con su segundo lanzamiento, “Built on glass”, 2 años más tarde, pudimos ver a un músico, mucho más claro en cómo componer. Junto a 12 canciones, nos puso los pelos de punta con el  soul y jazz que intentaba marcar en su música, sacando el mayor partido a su poderosa voz, llevándonos así por un viaje de beats, esta vez mucho más definidos, alcanzó una fluidez y estados más puros de sus ideas. Nos presentaba una sutil belleza, asimilando ya de lleno el estilo Low-Fi, con canciones como “Lesson In Patience” completamente instrumental, donde su voz se pasea por todos lados acompañada de un saxo y pianos, también con “Gold”, quizá uno de los mayores éxitos comerciales del músico, primando el Hip-Hop y el indie ya siendo completamente reconocible como propio en su música.

Pero sin duda su mayor hit en el disco es “Talk is Cheap” aludiendo a lo efímero de las palabras, y a la falta de hechos en las intenciones, llevándonos a la propia reflexión de nosotros y quienes nos rodean. Versionando esta canción tanto en solitario como con su banda, cualquiera es el camino, el resultado termina siendo el mismo. La particular melancolía y sonoridad ambiental a la que nos logra llevar se hace presente.

Después de 5 largos años en los que si bien, también estreno un pequeño EP junto a su cercano amigo Flume, titulado “Lock Jaw”, Nick aparece ahora presentándonos una reestructuración de su música, y por supuesto un aterrizaje a la realidad con “Run Fast Sleep Naked”.

Desde el comienzo, lo primero que podemos notar es la participación de cuerdas, percusiones y vientos del tipo orquestales en sus beats, elevando la complejidad de ellos, otorgándole un nuevo sonido que lo eleva a un nivel mucho más dinámico, saliendo así de su zona de confort con los ya similares ritmos y tempos a los que estamos acostumbrados a escucharlo. Introduciendo ahora aspectos del pop en algunas canciones, como también surge la fuerte presencia de la electrónica, aunque manteniendo su indie que ya es marca registrada.

En las primeras canciones del álbum podemos notar el estallido de ideas que tiene Nick en su cabeza, cada canción es diferente a la interior, dando a elegir al público con cual quedarse. Entre sórdidos sonidos orquestales, grandes coros, pistas y samples provenientes de su lado de Dj y coreables éxitos indie-pop. De los cuales sin duda destaca “Sanity”, en donde hace referencia a su estado mental luego de replantearse su vida a causa de estos viajes budistas en búsqueda de su identidad, el donde estamos y hacia dónde vamos, su track más rápido alcanzando un resultado bastante bueno, equilibrando todos los elementos presentes en su música. También “Yeah, I Care” de la mano de violines y una pista que nos conduce a una especie de persecución, diciéndonos a la vez que lo único que hacemos es correr de nosotros mismos, mintiéndonos de lo que realmente buscamos o creemos buscar.

Llegando al final del álbum nos encontramos con “Dangerous” ya bajando la velocidad de lo que encontramos más arriba, ahora volcándose al lado más reflexivo, donde sutilmente surge su indie envolvente, esta vez mucho más coreable y sincero, junto a su voz  que juega con las tonalidades altas, entregándonos un cálido resultado.

También es necesario destacar el cierre categórico del disco, las dos últimas canciones nos lleva al fin de su camino, de su descubrimiento personal, “Believe (Me)”, una canción cargada de emoción, en donde vuelve a reencontrarse él y su piano, ya confluyendo en el término de toda la locura por la que nos llevó, ahora encontramos relajo y paz. Representado a la vez en el último track “Message You At Midnight” este eco infinito en el que nos encontramos, llenos de dudas e inseguridades, acompañado de Nick ahora con su guitarra y un arco con los que logra un sonido conciso que nos termina por envolver en una especie de meditación y sonidos experimentales.

Finalmente podemos decir que Murphy se ha reinventado y está tratando de encontrar libremente el equilibrio entre todos los elementos presentes en su música, explorando nuevas combinaciones hacia su sonido ideal. Sin duda, en este nuevo estado, nos entrega piezas completamente diferentes a lo que nos tenía acostumbrado, dándole un giro total a su carrera.

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