Hace unas semanas nos enterábamos de la muerte del actor neerlandes Rutger Hauer, quien es reconocido a nivel mundial por el papel del replicante Roy Batty en el drama noir de ciencia ficción Blade Runner (1982), pero pese a esta fama mundial del actor, este inesperadamente también logra conectar con nuestro país, por medio de su participación en la película de 2013, El Futuro, de la directora nacional Alicia Scherson, obra que precisamente reseñamos a continuación.

La película basada en el libro “Una Novelita Lumpen” de Roberto Bolaño nos presenta a Bianca -interpretada por Manuela Martelli-, quien al momento de la muerte de sus padres debe hacerse cargo de su hermano Tomás (Luigi Ciardo), dado que al ocurrir el accidente ellos vivían en Roma, y por lo mismo no hay lazos familiares que los unan con otros adultos, por lo mismo Bianca debe de tomar el rol de ambos padres, tanto para el cuidado de su -ahora- pequeña familia, como también del dinero de ella.

Los días pasan y si bien la muerte de sus padres cada vez se vuelve un tema más distante y alejado de la realidad que ambos personajes van construyendo en su nueva calidad de huérfanos. De a poco ellos comienzan a dejar de lado sus vidas anteriores y trazar nuevos roles, principalmente dentro de la vida de Bianca, quien es la que más madurez trata de darle a esta situación, mientras que su adolescente hermano comienza a involucionar respecto a ella, llegando al punto de encontrar nuevos roles parentales por medio de pseudo amigos, quienes pasan a mudarse con ellos y le proponen a Bianca robarle a un viejo y olvidado actor de cine italiano cuyo rol es interpretado por Rutger Hauer.

Es a partir de entonces que el personaje de Martelli pasa a convertirse en una prostituta, quien cada noche visita a este misterioso veterano conocido como Maciste, y con cada una de dichas visita esta se aleja más y más de su plan, pero se acerca más y más a Maciste. Por medio de estos encuentros Bianca comienza a conocer no sólo al artista que fue este Maciste, sino también el hombre que este era tanto dentro como fuera del set. Es entonces que Bianca encuentra en él, aquel amor y aquel sentir que esta dejó de lado al momento de que sus padres murieran.

La película gira entorno a los encuentros que Bianca y Maciste tienen noche tras noche, en donde cada uno de sus sentimientos se expone por medio de diferentes relatos y momentos, en donde la coraza dura de Bianca se abre y expone toda sensibilidad que la protagonista ha evitado mostrar a lo largo de la cinta, logrando conmover con gestos simples y tiernos, casi como una niña descubriendo algo que va más allá de la propia sexualidad y los sentimientos relacionados al amor que este descubrimiento trae consigo.

En cuanto a la estética y la narrativa que respira la película, ésta conecta con los propios sentimientos de la protagonista, la que a ratos pareciera, fría, atípica y sin rasgos de emoción alguna, lo cual hace que esta durante el relato de cómo Bianca intenta estafar al anciano actor, funcione como un personaje más dentro de la obra, logrando que como espectadores de apoco no sólo conectemos con ella en un plano superficial de su personaje, sino que aquello es la entrada a los sentimientos y pensamientos por los cuales ella construye tanto el presente como el futuro de su personaje.

Es así como Scherson nos presenta a dos personajes heridos y dañados, que sanan al momento de encontrarse, de verse, de entenderse por si solos, a medida que se conocen. Por un lado tenemos a Bianca que entre la tristeza de haber perdido a sus padres y la incertidumbre acerca de su propio futuro y el de su familia, no sabe qué hacer realmente frente a los sentimientos que las visitas nocturnas a la vieja mansión del actor han aflorado dentro de ella, mientras que por otro lado esta Maciste quien lucha tanto con la edad como con la soledad y el sentimentalismo o calentura producidos por la compañía de Bianca tanto en su hogar como en su vida.

La cineasta mediante a esta relación no compone una historia de amor, de cambios y de momentos que a uno lo hagan sentir envidia por el amor que ambos personajes construyen, sino que logra armar un puzzle emocional dentro de el mundo de ambos personajes, tal cual como el propio Bolaño los ha armado, jugando un tanto con lo experimental y lo freak, emocionalmente hablando, y con ello nosotros como espectadores vamos a armando a aquel puzzle, por medio de las piezas que son la emocionalidad y sentimentalismo que ambos personajes van expresando estando juntos o separados.

El Futuro finalmente es una cinta que respira de dos autores como lo son Scherson y el propio Bolaño, mientras que el segundo entregó las piezas y estructuras que componen todo el puente emocional y experimental que es la obra, la primera fue la encargada de saber como armarlo, la cual no sólo respeta la obra del autor, sino que agrega su propio encanto a la hora de plasmar tanto su cosmovisión al momento de plasmar cada rasgo tanto físico como psicológico de los personajes que componen este puzzle creado por Bolaño y armado por Scherson.

Si bien a Rutger Hauer se le recordará mundialmente por su papel en la cinta de Ridley Scott, es notable también pensar poder recordarlo como un personaje dentro del cine chileno, y si extendemos aquello, incluso poder recordarlo como un personaje dentro del universo literario de Roberto Bolaño.