El director británico Terry Gilliam conocido por películas como 12 Monos, Pánico y Locura en Las Vegas o todo su trabajo para Monthy Python, por años tuvo un proyecto que nunca se pensó que vería la luz. No fue hasta 2018 que Gilliam pudo mostrarle al mundo su aquel proyecto en donde tomaba las aventuras del errante caballero Don Quijote y las reinterpretaría en un remix de comedia y drama.

El Hombre que mató a Don Quijote, cuenta las desventuras de un exitoso director de comerciales interpretado por Adam Driver, el cual mientras trabaja en España experimenta ciertos flashbacks que lo llevaran a su época de estudiante y su primer filme. Es acá donde se reencuentra con su estrella de aquel tiempo, un viejo zapatero que dio vida a Don Quijote en dicha producción. A partir de aquel encuentro la película es un viaje hacia la locura. Un espectáculo en donde el paisaje de la España del siglo 21, se pierden en los desvaríos medievales tanto del viejo zapatero, como también de Driver quien, mientras más y más viaja con aquel entrañable loco, más se contagia de su locura.

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Si en la superficie la cinta es una aventura en donde abunda la comedia negra gracias a la relación que se establece entre ambos protagonistas, en el fondo esta película de más de 2 horas, también se las arregla para hablarnos de la demencia senil por medio del personaje del falso Don Quijote -interpretado por Jonathan Pierce– y a con ello, nos enrostra los caminos de la obsesión y los peligros de ella misma. 

De esta forma, la cinta que empieza como una aventura plagada de comedia, locura, pasión y también drama, termina inclinándose por ser una cinta sobre cómo nos obsesionamos con nuestros proyectos, y nuestras ideas. Encerrándonos de cierta manera en nuestras propias historias, donde todo lo externo pasa a ser un mar de demonios, colinas invadidas por los gigantes y castillos donde abundan los enemigos. Todos monstruos con un único objeto: el de alejarnos de nuestros sueños y metas. Una idea que se plasma durante todo el trayecto que recorre esta cinta, y que funciona también como un reflejo de lo que el propio director experimentó al querer plasmarla.

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El dinamismo con el que Gilliam filma, sumado a la capacidad actoral de Adam Driver, y también la delirante interrelación Jonathan Pierce, ayuda a que su extensa duración –de 2 horas con 15 minutos– ni se sienta. La historia avanza ágil y llena de momentos con una intensidad disfrazada de comedia, los cuales logra internarnos más y más en su historia, en la locura viva de Don Quijote y en el propio drama vivido por parte de Driver. Elementos que hacen que en cada escena mientras avanza la historia nos preguntemos ¿Cómo diablos terminará esta locura?

El Hombre que Mató a Don Quijote se encuentra disponible en Netflix, plataforma que además alberga otros materiales del mismo director, cómo: Pánico y Locura en Las Vegas y 12 Monos, además de varios especiales de la serie de comedia inglesa Monthy Python, tales como; La Vida de Bryan, Flying Circus y Monthy Python y El Santo Grial.