Con ocho capítulos llegó este viernes al streaming de amazon prime video la esperada serie “El Presidente”, donde nos ponen en la piel del ex presidente de la ANFP, Sergio Jadue y exploramos junto a él todo el fraude, la mafia, los negocios truchos y los ires y venires que destapó el llamado FIFAgate, que lo llevó finalmente a abandonar el país noviembre de 2017.

Por dicha propuesta, la historia suena atrapante e interesante, y más aún si uno ve los trailers, donde Andrés Parra calca de manera perfecta la personalidad e imagen de Sergio Jadue, pero todo ello no vale nada a veces, cuando hay detalles en la ejecución que hacen que toda la serie en sí se vuelva un autogol.

La historia de un pusilánime, ambicioso y manipulable personaje como nos muestran que es Jadue, es bastante atractiva si se quiere contar desde un punto de vista decadente y cargada al humor negro, y es justamente lo que intenta mostrarnos la serie, al menos en los dos primeros capítulos de esta, los cuales son lo suficientemente buenos para enganchar a los espectadores. En ellos, aparte de mostrarnos la excelente caracterización de Andrés Parra como el ex presidente de la ANFP, también nos adentra al delirante mundo de los empresarios y dirigentes del fútbol latinoamericano y mundial, el cual nada tiene que envidiarles a las películas sobre mafiosos de Scorsese o Brian de Palma, y por último un abanico de personajes secundarios cada uno más bizarro y perfecto dentro del delirante mundillo que nos exponen.

En fin, la serie simplemente tiene los pilares precisos para triunfar, para ser una serie que de verse de una sentada o al menos para que cada capítulo simplemente te haga darle click al siguiente y atraparte más por el mundo de Jadue y compañía, pero ¿por qué la serie no se siente así?

El principal factor que influye en que uno quizás quiera dejar botada la serie o prefiera verla de forma no maratónica en una sola noche o día, es la narración de la propia serie, que a ratos es lenta y junto a la forma de narrarla: mezclando saltos temporales entre el inicio del mandato de Jadue y los hechos sucedidos en 2015 previos a la Copa América. A ratos el recurso de los flashbacks y fastforwards en vez de generar interés en lo que sucedió entre ambos periodos de tiempo terminan siendo un distractor más que un aporte a la historia. Dichos elementos terminan por convertirse en el gran autogol para “El Presidente”, dado que al no tener un tiempo fijo o un conector que ambos periodos de tiempo se pierden tanto el interés por la historia que estaba sucediendo en el 2011 como la que transcurre durante el 2015.

Lo anterior es quizás el factor más débil de la serie, además de ser el que más le juega en contra a la historia que la serie busca contar. En tanto, otros elementos que quizás pueden convertirse en autogoles es el tema del narrador omnisciente, quien nos va contando la historia de Jadue y compañía, el cual a ratos ayuda al momento de explicar temas que quizás no todo el mundo conozca o introducirnos a personajes que quizás no necesariamente todo el mundo conozca. Si bien aquello busca ser un aporte y darle un sello a la serie, a ratos de igual forma que pasa con la narrativa, este elemento termina por ser un elemento mal aprovechado y a ratos también su abuso termina por jugarle en contra.

En relación a todo lo anterior, uno de los puntos más débiles y que a ratos se vuelve tedioso en el transcurso de los ocho capítulos que dura la serie, es la introducción a tramas irrelevantes, como lo es la vida personal de la detective a cargo de los detectives del FBI que investiga todo el caso tanto del FIFAgate como del mismo Jadue. Pero también aquellas fallas van en la presentación de personajes irrelevantes, que pasan a ser simples guiños hacia los fanáticos del fútbol y nada más que eso.

Si bien “El Presidente” erra muchas veces en relación a la narrativa con la que esta quiere abordar su historia, la serie aun así tiene grandes pilares, todos ellos desde la perspectiva actoral e interpretativa de la serie. El principal y en quien recae todo el peso de la serie es sin duda, Andrés Parra como Sergio Jadue, quien nos brinda una interpretación que va mucho más allá de una simple imitación, entregándonos momentos en que podemos apreciar todos los escapes de rabia, euforia, ingenuidad y finalmente abandono que siente el “El Presidente”, pero además demostrandonos lo delirante y egocéntrico que pudo ser un personaje como Jadue.

Pero dentro del catálogo de seres corruptos y ambiciosos que componen esta serie, también podemos encontrar a otros pilares que muchas veces están a la par de la interpretación de Parra. Es así como nos topamos a Luís Gneco –como Luís Bedoya-, dirigente colombiano, corrupto y sin escrúpulos de tal nivel que a ratos llega a ser maquiavélico su actuar, superando quizás al mismo Jadue. Otro que también se roba el protagonismo a ratos es Alberto Ajaka, quien da vida a Jashir, mano derecha de nuestros protagonistas y ejecutor y operador de todo lo ilícito que Jadue necesite. Su trabajo va desde llenar el estadio por medio de la reventa de entradas, hasta ayudarlo con el lavado de dinero, un personaje que nos ayuda a entender todos los movimientos que Jadue realizó en las sombras con el fin de agrandar su billetera dentro de la serie.

Por último, el gran personaje que a ratos le quita todo el protagonismo a Parra es Paulina Gaitan en la piel de María Inés Facuse la esposa de “El Presidente”, quien, con su interpretación nos da a conocer a una mujer manipuladora, soberbia, arribista y controladora y quien quizás sea la verdadera artífice de todo el robo perpetrado por Jadue durante su mandato frente a la ANFP. El rol de Facuse, más la interpretación de Gaitan es tan potente a ratos que ella misma muchas veces se vuelve la protagonista de esta historia de estafas y mafias tragándose así todos los roles masculinos que protagonizan la historia.

“El Presidente” quizás no sea una serie constante, que enganche y nos haga sentir que estamos viendo una serie tipo Fargo, pero aun así a ratos lo logra, se supera y se transforma en un material capaz de representar una historia tan ambiciosa, perversa y decadente como lo es la vida de Jadue y compañía, además de todo el revuelo del FIFAgate, periodo que quizás sea el que nos entrega los mejores capítulos y momentos de la historia y por tal se vuelva más interesante que la propia vida de Jadue.

Pese a todo, igual tiene errores, fallas, pifias y chutes que dan el palo que a ratos hacen que queramos ponerle pausa y descansemos de ella. El problema en si no recae en la historia ni mucho menos en los personajes, sino que más bien va de la mano con cómo se quiere contar esta historia de mafias y ladrones de traje y corbata, además del poco tino para introducirnos a tramas y personajes que no sólo pasan a ser irrelevantes después de terminar su escena, sino que también rallan en lo caricaturesco no sólo de su interpretación, sino que también la historia de fondo que estos poseen.

En definitiva “El Presidente” es una serie que cojea y tambalea, que camina un paso hacia adelante y dos para atrás, no aprovechando en totalidad los delirios de egos y sueños ambiciosos que nos ofrece un personaje como Jadue y aquella historia de mafias, estafas y decadencia que esta trata de plasmar, pero de igual forma para el final uno siente que se salvó, que al menos en este partido la serie logra un empate y se lleva un punto para la casa, casi similar a lo que pasa con su protagonista en la vida real, en donde este se escapa de toda justicia, y duerme tranquilo en Miami esperando que la justicia actúe, pero mientras eso no pase, dale, sigamos como si nada, viviendo la buena vida y la poca vergüenza.