Fotos por Julio Bustos

En órbita ha sabido posicionarse entre uno de los espectáculos más importantes de la escena alternativa a nivel nacional. Cada uno de sus line ups es una apuesta hacia la experimentación y el reconocimiento de selectos artistas que, provenientes de los confines más variados del planeta, brindan al festival una atmósfera difícil de respirar en otra instancia de similar magnitud.

Tal y como su nombre indica, el festival actúa como un satélite flotando alrededor del mundo, trayendo ante nosotros a destacados músicos y personalidades relacionadas con la cultura, no cayendo en la estática de un festival común y corriente. Conversatorios y showcases fueron el preámbulo de una cita que, el sábado 24 de noviembre, vio su clímax en la Cúpula.

El show comenzó un poco más tarde de lo previsto, y quienes abrieron la jornada musical fueron los coreanos de NST & The Soul Sauce. El octeto de reggae roots asiático esta vez cuenta con el liderazgo de la cantante de pansori, Kim Yul Hee. Con su influencia folclórica y la dirección moderna que la banda suele tomar al momento de componer, el resultado es una armoniosa mezcla atemporal de dos culturas completamente distintas.

El primer grupo coreano en el escenario le daría el paso al primer artista australiano en presentarse. Alexander Biggs hizo su debut en En Órbita con un suave y emotivo set, en el cual las delicadas texturas de sus composiciones se fusionaban con el ambiente para darle una tonalidad melancólica a la velada.

Los encargados de reanimar la tarde fueron los Dead Buttons. También originarios de Seúl, el potente grupo de indie rock, le entregaron al festival la potencia necesaria para despegar. Con melodías eléctricas que coqueteaban más y más con el garaje rock, los surcoreanos dejaron plasmada su oscura firma en La Cúpula.

Dead Buttons.

Luego fue el turno de Dead Sea Arcade y We Are Wolves. Ambas bandas venían a reafirmar la propuesta presentada en sus respectivos showcases: rock potente y energético que terminó por encender los calentar los ánimos.

Tras la vuelta por el globo, fue el uruguayo radicado en Estados Unidos, Juan Wauters quien devolvió la nave hacia Sudamérica. Sin embargo, su frenética rutina, que incluía saltos y carreras, no logró conectar con el público que, algo confundido, no pudo completar las letras del cantautor.

Finalmente, alrededor de las 9 de la tarde, los canadienses de Suuns se instalaron en el escenario. Su apuesta de indietrónica con tintes psicodélicos, acompañada con un genial juego de luces, llevó a la audiencia por un viaje por gran parte de la discografía de la banda, hasta llegar a Felt, su última placa, lanzada durante marzo de este año.

Suuns.

Los sintetizadores mantuvieron su predominancia en el escenario con la salida de Föllakzoid. La banda liderada por Domingo García-Huidobro nos dio un intenso viaje por alucinógenos pasajes psicodélicos. Acompañados de una performance casi teatral que se robó todas las miradas, demostraron que, entre más íntimo es el espacio, más intensa se vuelve la experiencia.

Su envolvente sonido los ha perfilado como una de las bandas nacionales de mayor proyección. Su carrera se ha desarrollado en gran parte en tierras extranjeras, los ha llevado a escenarios reconocidos a nivel mundial, experiencia que se vio reflejada en su brillante desplante sobre el escenario.

La pausa tras Föllakzoid no fue muy larga y, a los pocos minutos, las cosas ya estaban preparadas para darle la bienvenida a Yonatan Gat. Acompañado por un baterista y un bajista en un pequeño escenario a la altura del público, el guitarrista israelí dio, sin muchos rodeos, uno de los shows más sorpresivamente adrenalínicos de la fecha.

Con ferocidad, el virtuoso atacaba las cuerdas de su guitarra. Una velocidad que cautivó a los espectadores que, no tan familiares con el músico, terminaron cabeceando cada una de las composiciones tocadas por el power trío. La química inmediata fue tan evidente que la ovación final terminó con abrazos entre los asistentes y los músicos, mientras algunos estábamos tan perplejos que aún no nos podíamos quitar la poderosa melodía de Fading Casino de la cabeza.

Yonatan Gat.

Con las pilas puestas tras la presentación de Gat, estábamos todos listos para el plato principal, Thee Oh Sees, por fin. El grupo de garaje rock liderado por el brillante John Dwyer ya nos había dejado con las ganas en la primera edición del En Órbita, cuando con el Mutilator Defeated at Last recién publicado, decidieron simplemente no venir.

Los norteamericanos nos empaparon en clásicos. Extractos de toda su discografía sonar en la Cúpula, y a pesar de haber lanzado Smote Reverser hace apenas unos meses, sólo tocaron un tema del álbum: C, con la cual cerraron. Mosh, crowdsurfing y el éxtasis contenido por tres años hicieron explotar al público que despidió en un mar de aplausos al prolífico Dwyer y compañía.

John Dwyer, Thee Oh Sees.

En general, una jornada magnífica. Descubrimientos musicales de todo el mundo para una audiencia hambrienta de nuevas experiencias y nuevos sonidos, como ya nos tiene acostumbrados En Órbita. Geniales presentaciones de artistas con trayectorias internacionales, que se vieron ligeramente empañadas por la insistente presencia de efectivos de seguridad entre el público, además de algunos problemas de comunicación entre sonidistas y artistas.

Más sumas que restas para una de las cumbres de música más interesantes que se gestan por estos rincones del mundo.

Revisa la galería fotográfica por Julio Bustos 

Dead Buttons

Deep Sea Arcade

Juan Waters

Suuns

The Oh Sees

We Are Wolves

Yonatan Gat