Oriundos de Nueva York, llegaron a Santiago para inundar de tonos rojos un Caupolicán con más de 4.000 personas. Paul Banks, Daniel Kessler, Sam Fogarino y sus músicos de apoyo, dieron un espectáculo redondo entre la contingencia política y la revolución de la emoción, con 17 canciones que fueron el complemento perfecto de un día caótico.

Interpol ha estado muy presente este año, pues los tuvimos el mes de marzo en Lollapalooza, pero sin un Sideshow que muchos anhelaban y que sí se dio en Argentina. Esta vez volvieron a saldar su deuda de forma excepcional.

El concierto empezó con una emocional Untitled, canción que también abre su disco más famoso Turn On The Bright Lights, una entrada tranquila con destellos blancos, luces azules y rojas que enseguida hicieron encontrarse al público con la banda. Sobre el escenario, un Paul Banks carismático, pero siempre inmerso en la serenidad de su propia persona, melancólico y poético captó las miradas. Así la banda daba inicio a la noche con melodías que hicieron ver todo en cámara lenta.

C’mere, uno de sus éxitos del disco Antics, fue la canción siguiente haciendo explotar un Teatro Caupolicán copado. Las míticas cuatro primeras palabras “It’s Way Too Late” sonaron más fuertes de la boca del público que la misma banda que inundaba el recinto con su pasión. Daniel Kessler siempre excepcional en la guitarra, se llevó emocionadas miradas con sus movimientos en el escenario y su concentración tan certera como el pulso de un cirujano. Los saltos y el sudor en aquel momento ya eran parte de una noche que pasaría a la historia como una de las mejores, dentro de los cuatro espectáculos que ha tenido la banda en el país.

Créditos: Carlos Muller

La velada siguió dando rienda suelta, aunque en ella se ausentaron temas esperados. Discos como El Pintor, Interpol y su más reciente EP A Fines Mess, no estuvieron presentes en el setlist, sin embargo, no se extrañaría hasta una vez terminado el concierto, donde los asistentes piensan en aquellas canciones que les hicieron falta. La algarabía permaneció constante con canciones como If You Really Love Love Nothing y The Heinrich Maneuver.

Uno de los momentos más emocionantes de la noche fue con la canción NYC, una poesía de la monotonía. Lágrimas derramadas y un público que bailaba lentamente de un lado al otro, como si la letra hablara de su propia ciudad. Una larga caminata rumbo a algún lugar que odias, el trabajo, tu hogar, universidad. Un andar donde observamos los detalles de todo y donde te observas a ti mismo. Un andar introspectivo inundado de drama.

Durante el espectáculo no se dejaron de escuchar consignas de la actual lucha que protagoniza el país. Insultos a Sebastián Piñera, “El que no salta es paco” y “Las balas que nos tiraron se van a devolver” se dejaron sentir. Uno de los momentos más notables fue con los cánticos de “El que no salta es paco” y “Piñera culiao”, un remix espontáneo proveniente del público que hizo sonreír a la banda e incluso hizo saltar a Daniel Kessler, acompañado de Sam Fogarino que alentaba al público con su batería para posteriormente entrar a tocar una canción ícono.

Créditos: Carlos Muller

PDA fue la siguiente, donde nuevamente el Teatro se pudo haber venido abajo. Un instrumental que volaba el cerebro y marcaba el paso de cada movimiento, dejaba sin aliento para seguir rompiendo la voz en una presentación que no llevaba ni la mitad. La siguió Stay In Touch y el más grande éxito de la banda, Evil. “Rosemary…” el público tomaba una emoción brutal, otra vez sonando más fuerte que la banda. Saltos, ojos cerrados, todo eso se veía en personas que se perdían en las primeras notas del bajo y una batería que entraba tras la voz de Paul Banks.

El show debía continuar y lo hizo con canciones como Take You On A Cruise, The Rover, Rest My Chemistry y Narc que descontroló, hizo bailar y antecedió a otro de los momentos más emocionales de la noche. The New, una canción perfecta, tal vez la mejor de Interpol si hablamos en términos musicales. La forma en que está hecha es algo simplemente fenomenal y es que horas antes del concierto el mismo Paul dijo que ellos tienen una forma muy estructurada a la hora de componer, una receta que los define con un sonido oscuro que marca cada latido en público.

Créditos: Carlos Muller

Los neoyorquinos siguieron la fiesta con la energía de Slow Hands y Obstacle 1, dejando al público en el cielo antes de que las luces se apagaran para dar paso al posterior encore que haría sonar Leif Erikson, canción de pensamientos sombríos que reemplazó a lo que originalmente sería Not Even Jail, pero fue cambiada gracias un letrero en el público. Finalmente, vino el broche de oro que hizo concluir todo: Stella was a diver and she was always down. Una canción oscura y perfecta para despedirse de una ciudad llena de furia, que heredó un aura apasionada tras el espectáculo que duró alrededor de una hora y media. La banda se iba, no así la emoción que seguirá hasta un regreso que esperamos sea pronto.

Interpol dejó su marca, una banda amada en nuestro país y así se hizo sentir. Un espectáculo sublime donde debíamos estar presentes para transmitir la poesía y la palabra que plasmaron los caballeros que transforman en música la desilusión.

Fotografías cortesía de Carlos Muller