Si miramos la vida, ya sea en esta o en cualquier otra época siempre nos encontraríamos temáticas recurrentes dentro del punto de vista personal tales como: la búsqueda de nuestra identidad, el aprender a levantarnos después de las caídas de la vida, o buscar la aceptación de un grupo, por mencionar algunas. Es por ello, que el mismo cine se ha encargado una y otra vez de enrostrarnos estos conceptos por medios de cintas que suelen marcarnos un poco, luego de que los créditos finales comienzan a aparecer en la pantalla. Filmes como el crudo retrato de los adolescentes neoyorquinos en Kids (1995) de Larry Clark, o las dramáticas historias de la búsqueda identitaria que Richard Linklater retrató primero en Dazed and Confused (1992) y luego, en Paranoid Park (2007) donde la identidad se basa en cómo un chico trata de vivir con la experiencia de un asesinato por estar en el momento y lugar equivocado.

Es esta misma vereda: la de la exploración y la búsqueda identitaria y emocional en la que el actor y ahora director y guionista Jonah Hill nos presenta Mid90s, su debut detrás de cámaras, en la cual nos presenta a Stevie (Sunny Suljic), un menor de 13 años que deambula en Los Angeles de mediados de los 90, en donde trata de encontrar su lugar en el mundo de la mano de su skate, sus amigos y la emocionalidad adolescente que este comienza a conocer.

La cinta se desmarca de otras películas que usan el skate como foco principal como lo pueden ser: Lords of Dogtown o Grind, no enfocándose de lleno en el deporte ni en los patinadores en sí, ni mucho menos la cultura de la tabla durante la década de los 90, sino que aquella tabla es más bien un vehículo para recorrer la vida y los sentimientos que aquel chico va encontrando por medio de un grupo de skaters que él ve como su círculo, su grupo, casi como su refugio del caos emocional que pueda haber en su casa. Es justamente aquello, lo que el ojo de Hill nos muestra, ese caos, esas caídas, esos golpes que el mundo nos da en aquella etapa de los 13 años y usando justamente a la patineta como analogía para mostrarnos lo cruel y emocional que puede ser la adolescencia y la vida en sí misma.

Si bien la historia de Stevie puede ser la historia de cualquiera de nosotros, en cualquiera de nuestras épocas, está más que nada es la historia de cómo nos levantamos de dichas caídas, de cómo nos cicatrizan nuestras heridas externas e internas y como nosotros mismos aprendemos de dichos golpes para poder evitarlos a medida que crecemos o como estos nos enseñan a ir construyendo el personaje que queremos ser a medida de que vemos distantes las épocas de la niñez, adolescencia o juventud.

La historia que Jonah Hill logra armar va mucho más allá de la tabla, las caídas, los golpes y la adolescencia, Mid90s es un caos emocional, dramático y con toques de comedia negra, es el balance perfecto entre la cruda visión noventera sobre los adolescentes que nos mostró Larry Clark con Kids, junto al drama identitario y sobre la búsqueda de nuestro lugar en el mundo que nos presentó en el 92 Richard Linklater con el grupo que da vida a Dazed and Confused. 

Sin duda la historia de Stevie, puede calar hondo en cada una de las personas que la ve, puede que llegue de una manera más o menos profunda a cada espectador, pero sin duda es una cinta que puede llegar a todos ya sea por las crisis familiares, los dramas de la edad o la búsqueda de la aceptación dentro del grupo. Dependiendo el nivel de alcance o la temática con la que logra identificarnos la película, sin duda es una obra que logra hacer reflexionar acerca de cómo esas caídas y cicatrices nos han construido tal y cual somos ahora, muchas veces quizás no fueron la mejor manera de construirnos, pero aun así fueron las maneras en la que lo hicimos para ser quienes somos ahora