Una máquina que registra los testimonios da inicio a una introducción llena de misterio y suspenso, como si fuera a grabar la experiencia que sentiremos dentro del capítulo que estamos a punto de ver. La primera temporada de Mindhunter, para muchos fue algo reveladora y que trazó una nueva forma de hacer series, David Fincher marcaba otro hito. Nos dejaba filosofando sobre la mente y nos asustaba lo oculto tras ellas, pero la segunda temporada, no solo hizo lo mismo, si no que marcó un nuevo miedo, aquel que se introduce en el laberinto que entrecruzan la realidad y la percepción que tiene de ella la mente, te mantiene borde del lugar en que te encuentras sentado, como si fuera el lugar exacto antes de cruzar el Borderline, como si cuando pasaras aquella línea, fuera a caer en un precipicio. Volvió Mindhunter y esta vez, nos dejó como si todo hubiese sido un mal sueño, como si una tormenta estuviera tras la ventana, tras la salida de esos pasadizos que no nos permitieron encontrar la salida hasta el último momento del capítulo final.

Cuando era un ingenuo –sigo siéndolo– novato entrando psicología, una de las ramas que más me llamó la atención fue la Psicología Forense, la había visto personificada en diferentes series y películas, pero cuando vi Mindhunter por primera vez, simplemente me quedé catatónico. Esta serie, nace de un libro real llamado de la misma forma hecho por John Douglas (persona en que se basa el personaje Holden), quien tomó el mando de la Ciencias de la conducta, en el FBI. Ahí fue donde David Fincher, que antes nos había sorprendido con películas de investigación como Zodiac, toma la principal referencia.

Tras una exitosa primera temporada, muchas teorías nacieron de lo que sería la segunda; que trataría de Charles Manson, que seguiría la línea de entrevistas, que uno de nuestros protagonistas, Holden, caería a una locura absoluta y así las especulaciones seguían su natural curse entre lo onírico, lo inesperado y el umbral de fantasías tan propia de nosotros, los fanáticos. Hasta que, tras una larga espera, Netflix decidió lanzar otra parte de esta historia. Una temporada elegante, que no te desconcierta con sangre, ni gore explícito ni muchos efectos especiales de lo que podría ser una desquiciada muerte, si no que, con imágenes de pocos segundos, con tonos de verdes con baja saturación, que nos introduce al encuentro con imágenes crudas que sin disimulo coquetea con la soledad.

La historia que había quedado en pausa, sutil pero abrupta, continua tras un ataque de pánico que tiene Holden al final de la primera temporada, nadie sabe dónde está, hasta que desde el hospital en que se encuentra logran contactarse con Bill Tench. Por otra parte, las cosas en el FBI empiezan a moverse, cambian los superiores, los fondos empiezan a llegar, y ciencias de la conducta empieza a estar en el boca a boca de la agencia. Holden sin embargo, no es diagnosticado de un trastorno específico, se le informa que sufre de ataques de pánico como una reacción a sentirse oprimido, sucesos que muchas veces parecieran incontrolables. Dado que, tras el primer y segundo capítulo no veremos tanto de ello, si es un dato relevante para todo lo que podría venir. Aquel ataque de pánico viene tras una vivencia emocional, que deja en desnudo la sensibilidad de Holden. Un inicio sutil, que retoma un final abrupto.

La serie mantiene la esencia de su temporada estreno de la mano desde la línea de entrevistas y la realización de perfiles psicológicos, hay más personal, sin embargo para no repetir la dinámica que esta se plantea, ahora el enfoque se centra en el desarrollo de un caso. Los crímenes de Atlanta, hechos por el macabro Wayne Williams, crímenes que hasta el día de hoy no han sido comprobados en su totalidad. En cada capítulo, había un nuevo cuestionamiento, una nueva hipótesis, creía predecir las formas en que reaccionaron los personajes, pero nada de ello ocurría. Es ahí, donde te das cuenta de que si bien Mindhunter, es una serie basada en hechos reales, es una realidad que no conocemos, es tan desconocida como la mente de sus personajes.

La fotografía, que ya era brillante en la primera temporada, en esta segunda empieza a ser algo realmente fuera de lo común, pasando la línea de lo sublime, y es que explica por ejemplo la situación que enfrasca la ciudad de Atlanta, la línea de discriminación racial, el cómo se intenta modernizar la imagen con un nuevo aeropuerto, el que puede ser más elegante del mundo, mientras en las calles la prostitución infantil está presente, la desolación, los derechos y todo lo que conlleva marcar un cambio. Y un complemento perfecto a todo esto, es la banda sonora, la cual siempre va en sintonía con la fotografía, es más, mientras escribo no puedo evitar escucharlas. Golpea mi mente. Siento la luz que da la composición visual de Mindhunter, como la imagen de un pensamiento que me deja atónito.

Por ejemplo, nos encontramos con escenas donde se mezcla la inmensidad, con el vació, proponiendonos interpretemos aquellas identidades ocultas o aquellos sentir. Como si todo fuera una metáfora única, donde la expresión de emociones no se encuentra en nuestra realidad, según en lo más profundo de Holden, pese a que nuestro protagonista está fascinado por el caso “Manson”.

Llegó el momento de sumergirnos en el reparto, ya se nos había sorprendido con un excelente elenco la temporada pasada, siendo el más destacado Cameron Britton, quien se puso en la piel de Ed Kemper, pero esta temporada al igual que en la fotografía, dieron un paso más allá. Charles Manson, es tal vez una de las figuras más explotadas en lo que respecta a el ser un criminal. Pese a que Manson, no mató a nadie, si fue un arquitecto de la muerte, fue un domador de la mente de los integrantes que componían su secta, y, de la misma forma, le dieron vida en la serie. Una aparición simplemente brillante, siendo tal vez una de las mejores personificaciones que ha tenido Charles Manson, a manos de Damon Herriman, que igual personifica al mismo personaje en “Había una vez en Hollywood”. En esta escena el diálogo es brutal. La locura se expresa de una forma que todos conocemos, porque es la locura tal vez una de las cosas de la que el mundo tiene la misma percepción. La anormalidad. La insanidad de la psicopatía, la aceptada la locura del neurotisismo que se expresa de forma que hace erizar los vellos de tu piel, dilata tus pupilas y es capaz de llevarte al extremo de ser testigo de un momento surreal.  

–Mi verdad es sencilla y la vuestra es complicada. –Dice Charles Mason ante la pregunta del detective Bill.

–¿Por qué? –Responde el detective.

–No lo ven, pero la única verdad es ahora. El ahora es lo único real.

El reparto de la serie, analizado de forma más profunda nos entrega actuaciones emocionantes si te intriga la psicopatía, hacer perfiles en tu cabeza de las personas. Como si fuera un juego didáctico, la serie te invita a participar en el análisis de personajes como “The son of Sam”, interpretado por un Oliver Cooper que es capaz de parecer una persona ligada a la esquizofrenia, con pensamientos histéricos a tener concordancia con el mundo, a saber cada palabra que dice, con un previo pensamiento y no con la salida de un posible demonio. Una de las actuaciones más brillantes de la temporada. Así mismo, nuestros protagonistas, Holden Ford (Jonathan Groff) y Bill Tench (Holt McCallany), nos dan una visión oscura de lo que conocemos al siempre producido detective de Hollywood. Desnudan mucho más la emoción de estos. Jonathan Groff, nos entrega el vacío aún en una mente tan llena de tecnicismos, como si fuera una hoja en blanco, con sensaciones que afloran frente a situaciones que rompen los parámetros de lo normal. La actuación de McCallany, da la sensación de que fuera un padre, el que debe llevar a Holden a no convertirse en un psicópata, a no caer en su neuroticismo, y es él, quien nos muestra la mayor emocionalidad de esta dupla. Figurar el estrés, mantener el orden en tu vida, aún cuando puedes quedarte sin nada. La crueldad del guión, la tensión del momento, realmente te hace tener una inflexión en ti de la maldad.

La serie de igual forma, tiene aspectos que pudiesen darse a una interpretación criticable, personalmente, considero que en los primeros capítulos te pierdes un poco en los casos que intentan mostrarte. No sabes cuál es cuál, aunque tal vez sea la intención de la serie, pues los mismos personaje se encuentran ahora con mucho que abordar en el mundo criminal y quieren los directores que sientas su confusión. David Fincher, hace varias referencias a él mismo con el “Zodiaco” –Todos sabemos que la dirigiste David–. Pero aún así, no dejan de ser claves aquellas referencias y aportan a la trama. La relevancia de los personajes secundarios, se ven vistas más desde sus vidas y se pierde ligeramente la atención de ellos. Tal vez con historias que son innecesarias, pero que sirven para contextualizar la época, como el mantener un secreto un amor homosexual, en especial desde parte de la mujer, pues no hay que olvidarse que el machismo igual se ha puesto en este movimiento. Entre las cosas que se criticables, es este último punto el que rescato de mejor forma, y que me dio un momento de reflexión y pensamiento.

MINDHUNTER

Para cerrar, siento que muchas veces las segundas temporadas suelen tener mucho menos sorpresa que las primera, al menos en una serie que llama la atención. Nos pasó con Stranger Things, que volvió luego con una excelente tercera entrega, pero que tuvo una abucheada segunda parte. Pero esta serie, nos trajo lo que considero, una temporada con un valor gigante, nada queda al azar, todo tiene su lugar, su técnica, una precisión. Cada palabra, cada plano, cada cosa hecha fue trabaja de excelente forma y justificando el largo tiempo que hubo entre la primera temporada y la segunda. Así mismo pasó con Dark, mostrando que Netflix está haciendo las cosas bien, pues Dark de igual forma tuvo una excelente segunda parte de su historia.

Mindhunter, no se queda solo aquí, pues todo esto es el segundo ladrillo y estoy seguro que habrá una tercera temporada, y es que cada capítulo que ocurre así lo dice. Desde su inicio el 2017 vemos a uno de los asesinos más brutales en lo que respecta a los asesinos seriales, “BTK”, se ha hecho presente en escenas que suelen aparecer en el inicio de los episodios desde la primera temporada, abordando minuciosamente su personalidad, sus crímenes y hacía dónde se mueve. Muchos creían que esta continuación de la historia de los agentes, se trataría su caso, pero todo apunta que en la próxima entrega nos enfrascamos en este asesino, que lleva las siglas B.T.K., que están en inglés, pero significa “Atar – Torturar – Matar” (Bind, Torture and Kill).

La poesia de una mente criminal, fue precisa, en cada verso y hay mucho más por recitar.

Especial agradecimiento a mi hermano Carlos Caamaño, que me ayudó con la construcción de esta reseña, que me llevó por un mundo onírico y pensamientos eternos.