La poetisa y cantante estadounidense se presentó por primera vez en nuestro país con un concierto colmado de mensajes de apoyo y resistencia para el pueblo chileno.

Por Camila Rodriguez / Fotografía: DG Medios

Colombina Parra es la encargada de abrir la noche con un Teatro Caupolicán casi vacío, pero de un minuto a otro, el piso de la cancha y la galerías, son reemplazadas por un centenar de personas apretadas que se saludan, abrazan y no dejan de observar la hora minuto a minuto.

Antes de empezar, ya estaban rendidos. A las 21.14 la larga espera se acaba. Aparece la banda y ella con una bandera chilena. Suena Dancing barefoot y todos se entregan a lo que sea que Patti Smith quiera hacer esa noche.

“Esta canción va dedicada a los torturados y a los que perdieron sus ojos” dice, antes de empezar Beneath the southern cross, lo que hace subir aún más la temperatura en el teatro, el cual ya se asemejaba a un vagón del metro en hora punta.

Patti Smith sonríe y los gritos brotan, pone su puño en alto y se desbordan los aplausos.

Las luces se van y con ella también, dejando a su banda para interpretar Walk on the wild side de Lou Reed y I’m free de The Rolling Stones.

La madrina del punk decide alzar una plegaria al cielo para salvar a la madre naturaleza, el Amazonas, el agua y a los niños con After the Gold Rush. Su potente voz se apodera de todo el lugar y el público es un mar de llamas con forma de linterna de smartphone.

Cuando retorna, se encuentra con una de las múltiples veces en que el Caupolicán coreó el que no salta es paco, ella entendiéndolo todo—a pesar de no pronunciar palabra en español— emocionada, se lleva las manos al rostro y dice: “Ustedes son mi concierto, los amo”.

Llega el momento de Gloria. Ella hace lentos y sensuales movimientos, derrochando vitalidad, al igual que todos los rostros de la cancha. Ellos bordean entre los treinta hasta los cincuenta. Quizás hace cuánto que tenían guardadas las ganas de estar ahí. Todos saltan, cantan y deletrean a todo pulmón: G-L-O-R-I-A.

Casi sin aliento, se despide de todos con besos que lanza desde el escenario. 

Pero  vuelve.

Suena People Have The Power. Saca una pañoleta roja estampada con el Negro Matapacos y la amarra en su puño izquierdo. Ni un alma se queda en silencio. Aparecen pancartas, puños en alto, pañoletas verdes, rojas, banderas negras.

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De la música de Patti Smith se pueden decir muchas cosas. Sin embargo, lo innegable, es que es política y libertad pura. Ella con su cabeza coronada por una enmarañada cabellera gris de risos lacios, los cuales forman un halo de luz entorno a su rostro. Mística, santificada. Vino a recordarnos en el momento preciso que debemos mantenernos seguros, fuertes, sin rendirnos.

Las luces se apagan y desaparece.  

Vuelven al escenario por tercera vez para interpretar My generation de The Who. Ella toma su guitarra e interpreta un solo interminable, acaba con las cuerdas desgarradas, al igual que el público al contemplar el final de una noche que muchos estuvieron soñando por décadas y que para algunos otros, nunca pensamos vivir. 

Setlist:

Dancing Barefoot

Redondo Beach

Ghost Dance

My Blakean Year

Beds Are Burning

Beneath the Southern Cross

Free Money

I’m Free / Take a walk on the wild side / Free (Cover de Rolling Stone y Velvet Underground

After the Gold Rush (Cover de Neil Young)

Pissing In A River

Because the Night

Gloria: In Excelsis Deo

Encore:

People Have the Power

Encore 2:

My Generation(Cover de The Who )