La ópera prima de Juan Cáceres, casi bordeando el género documental, revela los desafíos que deben enfrentar los inmigrantes latinoamericanos en el país, realizando una dura crítica que nos interpela de inicio a fin.


Estrenada el pasado 3 de octubre, Perro Bomba fue parte de festivales internacionales de cine, como el Festival de Málaga y el Festival Internacional de Cine de Miami. En su elenco destacan Steevens Benjamin, Junior Valcin, Alfredo Castro, Blanca Lewin y Gastón Salgado. Mientras que en el exterior el filme recibió alabanzas e incluso múltiples premios, en Chile fue blanco de duras críticas a través de redes sociales sin incluso haberse estrenado en las salas de cine. 

Steevens, un joven haitiano, camina por las calles de un Santiago que no se publicita, donde abunda la basura, el hacinamiento y las viviendas en estado de deterioro. Trabaja haciendo pequeños bloques de cemento con compañeros de origen extranjero. Su jefe (Alfredo Castro) hace bromas de tonos racistas, pero todos deben tolerarlo, no hay otra opción. El sueldo que Steevens recibe le permite vivir en condiciones aceptables, tener un buen celular y audífonos para escuchar música mientras trabaja. Sin embargo, la llegada desde Haití de un amigo de su infancia lo cambia todo.

La vulnerabilidad en todas sus formas resulta ser un tema central en la película. Steevens Benjamin representa a todos los inmigrantes de la región que, en búsqueda de una mejor vida, llegan a un país al que le cuesta asumir el más pequeño de los cambios y en donde la hostilidad contra la realidad ajena es constante. Así, Steevens es frágil en todo momento por su condición de “otro”, estando vulnerable de ser excluido del sistema frente a cualquier situación. De este modo, la tolerancia de su parte debe ir más allá de los límites.

Una vez que Steevens acoge a Junior logrando incluso que su jefe lo contratara, los problemas aumentan. A través del lenguaje y su incomprensión, el racismo se hace más que presente. El silencio frente a los insultos disfrazados de broma del jefe, los cuales escalan hasta el verdadero pensar de este hombre, provocan la rabia de Steevens, quien lo golpea. Desde este acto, el joven es castigado por la justicia, la sociedad e incluso su propia comunidad. El contexto del golpe junto a la violencia verbal que sufrió son ignorados por todos, causando que pierda lo poco que había conseguido con este trabajo.


Destaca la amplia presencia del elemento cultural de Haití al interior del filme, el cual es interrumpido con pequeños fragmentos de canto y baile que retratan su conexión con la música afro como el dancehall, reggae y otros ritmos similares. El plátano frito, las comidas familiares y la importancia de ir a misa el domingo retratan las costumbres que los haitianos intentan seguir replicando en Chile en un ambiente familiar y acogedor, donde la presencia de la religión es fundamental. Y lo más importante, el hecho de que la película es también hablada en creo.

En un eterno deambular, Steevens experimenta el abuso laboral en la informalidad, las trabas de la justicia, la vida en los albergues, el peligro constante de las calles y muchas otras problemáticas que enfrenta la marginalidad chilena, a la cual se van sumando los inmigrantes en estado más vulnerable. Un guiño a la problemática de la mujer migrante es visible, quien muchas veces debe enfrentar esto mismo con hijos a su cargo, evitándole la posibilidad de generar dinero para subsistir.

Perro Bomba refleja a partir de la ficción una realidad viva, que está ocurriendo en este mismo momento en los sectores con mayor tasa de pobreza en el país. Steevens Benjamin, que es el mismo nombre del actor de 23 años, se representa a sí mismo. Y al mismo tiempo, representa a todos los haitianos que llegan a Chile y deben enfrentar a diario situaciones incómodas que pasan a llevar sus derechos. 

Una película absolutamente necesaria para el  país, porque pese a que los medios informen sobre este fenómeno actual, creaciones como esta, desde el cine, permiten reflexionar más allá y vivenciar a través de la pantalla las emociones por las que pasa una persona en estas condiciones, promoviendo la empatía como valor principal.