No es fácil ser Radiohead. Para nada. Una vez que has marcado un antes y un después en la música y en todos nosotros como personas tantas veces como ellos. Es super difícil descender de la cima sin caer al abismo. Es un nuevo siglo. Otro cambio de paradigma. Siento que se cansaron de la electrónica y los teclados raros. Entonces decidieron volver un poco a los viejos tiempos: más guitarras, más presencia en pianos y voz, canciones en cierto modo más digeribles si es que se pueden catalogar de esa forma. Hay canciones que siguen en la electrónica y los efectos, pero en la circunferencia total del disco las canciones son más convencionales. Ahora explico un poco mi pensamiento cuando hablo de «convencional»: no quiero decir que sean tranquilas o agradables. Por el contrario, siento que éste es el álbum más caótico que haya grabado Radiohead. La palabra acertada sería esquizofrenia.   El Hail To The Thief es un trabajo oscuro mucho más fuerte que su predecesor. Es un disco extremadamente opresivo, aunque ya no hay frío. Radiohead estaba en otra etapa de transición y no sabían qué hacer luego de los experimentos electrónicos, entonces se dedicaron a grabar lo que tenían en la cabeza. Vomitar. Insisto. Esquizofrenia pura. A estas alturas, Radiohead ya había probado casi todo, y ya se habían estresado demasiado reinventándose y haciendo un nuevo sonido para cada disco, de modo que el Hail to the Thief es una especie de amalgama oscuro y desequilibrado de todos los estilos por los que ya habían transitado. Ahora, sigue siendo atrayente. Vemos a Radiohead en una faceta más enloquecida. Siento que sintieron la necesidad de encontrar ese punto de perfecta comunión entre esa faceta electrónica y un rock más arque típico como el que emplearon en los noventa, en búsqueda de esa comunión entre hombre y máquina que contrastara con su mensaje. También se ha hablado mucho de Hail to the Thief como un disco político en el aspecto lírico, pero Thom Yorke siempre afirmó que su intención no era hacer un disco de esa índole, pero reconoció la influencia que tuvo sobre él el ambiente de su alrededor, la guerra contra el terrorismo edificada sobre la figura de George W. Bush, y que inevitablemente quedó plasmado. Para plasmar aún más su frustración y su ira empleó también pasajes del ‘Infierno’ recogidos en La Divina Comedia de Dante y también se inspiró en temas como el horror, la ciencia ficción y la visión cristiana sobre el bien y el mal.
Vamos a las canciones.

 Hay maneras y maneras de iniciar un disco. Y Radiohead nos enloquece desde un comienzo; nos eleva y nos deja caer en este mundo que está a punto de comenzar. Un mundo oscuro y lleno de demencia. Los primeros sonidos que se escuchan de este disco, los de ‘2 + 2 = 5’, son el sonido de una guitarra siendo enchufada. Y comienza: «Are you such a dreamer? To put the world to rights? I’ll stay home forever Where two and two always makes up five«. Un riff hipnotizador y atmosférico da paso a la lenta melodía, marcada suavemente por la batería que es como un latido eterno y pasivo, pero luego de la nada explota un rock furibundo y frenético con Thom gritando a todo volumen: «You have not been ¡paying attention!», para luego derivar en otro riff muy enérgico y un penetrante sintetizador que culmina todo. Esta canción nos dice que las matemáticas no son exactas si tú pones las reglas. Con claras referencias a 1984 de George Orwell. En esta canción nos encontramos al Radiohead que nos gusta, el que nos emociona. Al Radiohead que conocemos. Thom Yorke tratando de regresar con nosotros, intentando romper esa membrana que lo ha tenido encerrado en sus turbulentos pensamientos. Ahora la voz denota desolación y pesimismo ante un mundo dominado por los más poderosos. El nivel esquizofrénico de esta canción eleva intensidad hasta niveles insospechados. «Keep coming back but i’m not maybe not all hail to the thief all hail to the thief but I am not!»

«Sit Down. Stand Up» es la primera muestra electrónica de Hail To the Thief. («Sit down, stand up. Walk into the jaws of hel). Va extendiendo la medicina maquinal de este disco como un río eléctrico por nuestras venas. La oscuridad te va rodeando y luego toda esa tensión estalla, pero siendo dirigida, con un magnífico empleo de la electrónica en su loca recta final. Una locura de sonidos raros, caóticos, que se estructura de forma progresiva. Es una lluvia eléctrica de ruidos, de batería en estado puro, y Yorke convertido en un instrumento de percusión más. El momento de desahogo es algo alocado pero muy respetable: nuestra pequeñez ante los poderosos. («The rain drops»). 

Acto seguido se sienta en su piano y, junto a la guitarra de Johnny Greenwood y encaran «Sail to the Moon», una de las más sentidas del disco. Las notas lentas de piano se combinan con un lindo arreglo a guitarra limpia, creando una atmósfera cálida, hipnótica, de ensueño. Nos siguen envolviendo y enloqueciendo, pero lo hace a través de la vía más acústica y suave, conquistándonos a través de sonidos melancólicos, matizada con bellísimos sintetizadores parecidos a los de Subterranean Homesick Alien. Thom hace una melodía encantadora, delicada, esta vez muy emotiva, alargando eras las últimas sílabas. Los teclados van dejando caer eventualmente gotas de notas psicodélicas al más puro estilo de Pink Floyd a ratos que quedan relampagueando, y luego se apagan para dejar nuevamente ese bello diálogo entre el piano y la guitarra. Con una letra también muy bella que le dedicó Thom a su hijo. «I was dropped from moonbeams and sailed on shooting stars maybe you’ll be president but know right from wrong or in the flood you’ll build an Ark and sail us to the moon». Y bueno, en la primera parte no olvida recordarse a sí mismo que es un fracasado, pero espera que su hijo haga las cosas mejor. La letra es sobresaliente.

‘Backdrift’ supone un cambio de registro quizá bastante brusco. Experimentación total. Quizás suena más a Nine Inch Nails que a los propios Radiohead. Loops electrónicos nos reciben en el comienzo de una de las piezas más sintéticas del disco. Yorke empieza a cantar junto con una agresiva caja de ritmos que late de modo irregular como un conductor de cables que titilean en un modo desconocido. Aunque los sonidos son facinantes. Pero no dejo de imaginar qué pasaría si bajas un par de notas y pones la voz de Trent Reznor. Todo parece extremadamente sencillo pero la realidad es que hay un trabajo muy complejo detrás de esta pieza. La letra vuelve a tocar el tema de cómo nos dominan los gobiernos y las multinacionales, con la recordada frase de «We’re rotten fruit We’re damaged goods».

Guitarras acústicas como si fuese REM, nos traslada casi de inmediato a territorios propios del rock americano de los noventa, cercano al “grunge” y más o menos por esa senda transcurre la canción que podría ser un guiño a los comienzos del grupo con “Pablo Honey” o “The Bends”. Hablamos de «Go To Sleep». Que fue el segundo single del disco. Acá las máquinas se desactivaron. No hay mucha electricidad. Sólo hay dos guitarras precisas con rasgueos interminables; una muy acústica y otra muy crujiente, que den paso a una batería que deja claro en qué parte del disco estamos. Tiene cambios de ritmo complicados, e incluso Jonny intercala una especie de solo con algunas líneas de Yorke, para luego hacer ahora sí un solo radioactivo, procesado por un sistema en computadora, casi al azar, hasta que la canción se va diluyendo en un fade out.

‘Where I End and You Begin’, lo más probable es que hubiera tenido un vídeo con bailecito de Thom Yorke, así que sobran las palabras para describirlas. Es un tremendo tema (quizás uno de mis favoritos del disco a manera personal), con una gran línea de bajo y una batería desaforada, que crece en tensión hasta terminar de manera avasallante. La letra es de las mejores del álbum, hablando de las relaciones amorosas. Esta canción me hace mierda. Transmite una angustiosa sensación de ansiedad. «There’s a gap in between there’s a gap where we meet there I end and you begin I’m sorry for us». Thom hace una línea vocal que resume casi todas las del discos. Y ese final que nunca podré sacarme de la cabeza con la repetición lírica de: “There’ll be no more lies, I will eat you alive”.

El tema que sucede es «We Suck Young Blood», una auténtica extrañeza sonora. Una balada gótica. Canción fúnebre, casi espectral, que podría inducir al suicidio a cualquiera. Aplausos casi fantasmales y coros lamentables porque suenan a lamentos. Sobre unos versos que más se asemejan a una macabra misa negra. Oscuridad absoluta. Esta canción la primera vez que la escuché consiguió dejarme impactado, erizándome todos los pelos de mi cuerpo, creando un ambiente lúgubre y desesperanzador donde la voz de Thom aumentaba cada vez más la intensidad de esa sensación. Con letras nuevamente confusas. Yorke nunca es directo, pero “Are you hungry? Are you sick? Are you begging for a break? Are you sweet? Are you fresh?” Aquí no hay una intension en absoluto. O si el título refiere vagamente a una crítica política. Nunca logré comprender.

«The Gloaming» es muy cercana al trabajo de Björk. No se sabe de dónde nos llega la voz de Thom que parece flotar sobre todo lo demás. La música es un espacio cerrado, infectado por un inquietante torbellino de sonidos electrónicos que parecen rebotar sobre las paredes y nos atraviesan por todo el cuerpo. Magistral muestra del dominio técnico que comienzan a adquirir en el terreno de la experimentación.

En «There There» abre una fascinante batería y la guitarra de Greenwood nos remite a la voz de Yorke en una melodía que recupera sus mejores momentos. Un beat hipnótico. Es una reescritura de Optimistic, que se mantiene al mismo nivel con su percusión tribal y grandes riffs de guitarra. Las melodías se van intercalando para derivar en una genial explosión rockera de otro nivel. «We are accidents waiting to happen«. La voz y los coros, como siempre, sobresalientes. Los dos minutos finales son épicos, al estilo de «Let Down» o «Karma Police», siendo una de las canciones más Okeycomputerista de este disco, en los que aparece la fuerza de Radiohead, con una batería tremenda, un Johnny Greenwood estridente a la guitarra y unos coros de Yorke que ponen la piel de gallina, que nos hacen subir al cielo: «Heaven sent you to me», dice la letra. Sublime.

Después llega “I Will”. Personalmente la encuentro una canción casi macabra. Transmite un aura de desesperación máxima. Se dice que el mismo Thom lloró la primera vez que la escuchó terminada. Musicalmente es la más minimalista del disco, con apenas una guitarra limpia haciendo acordes lentos y dramáticos, consiguiendo un delicado efecto muy propio de Jeff Buckley. Thom hace una voz casi fúnebre. La letra es extrañísima, no sé si se la dedicó a su hijo, pero es muy buena, retratando esa paranoia Yorkeiana de inicio a fin: “I will, Lay me down in a bunker underground, I won’t let this happen to my children, Meet the real world coming out of your Shell”. Lo increíble de esta canción es la aplastante atmósfera que logran con tan poco. Es casi escalofriante.

Enseguida tenemos “A Punchup At A Wedding”, con aires muy lounge, y una tremenda línea de bajo de Colin, un piano que juega a una especie de transportador corporal y la voz etérea de Thom con un coro celestial de overdubs al fondo, que después del inicio hacen cacofonías para un susuro oscuro. Luego entra la línea vocal, más sólida que el promedio del disco. Poco a poco van agregando más tensión, el piano se vuelve más complejo, la voz más desafiante, la guitarra empieza a romperse, la batería a latir dentro de tu pecho. Pero Colin sigue con esa línea hipnótica, con un leve regusto a Pink Floyd, un remoto espíritu “blues” y un enfoque muy actual. Es nuevamente un lento crescendo, pero esta vez funciona mejor que “Sit Down. Stand Up”, quizá por el bajo que mantiene una exquisita tensión, o las incorporaciones electrónicas al final, no sé. No se siente tan larga a pesar de que llega a los 5 minutos. La letra, se dice que es otra alegoría a Bush, con su manía de andar borracho y bravuconear y hacer el ridículo en eventos de la socialité estadounidense. «Hypocrite opportunist Don’t infect me with your poison».

Cuando apenas te estás relajando, llega “Myxomatosis”, y te hace mierda en todos sentidos. Rebosa de energía y soberbia con un magnífico empleo de la electrónica para hacer un tema puramente rockero. Para mi es un tema de otra galaxia porque ningún ser humano sería capaz de componer algo tan magnífico. Bueno. Estamos hablando de Radiohead. El bajo distorsionado, haciendo un círculo complejo y con un efecto asfixiante. De fondo hacen varias capas de Martenot. Thom canta en un tono absolutamente abstracto casi como un aullido demencial y la batería tiene un efecto procesado y seco. Una locura total. Esquizofrenia. La letra es más variada y narrativa, pero esta vez si me deja con una total incógnita. Quizá sobre control mental y un ataque a los medios o simplemente es una canción muy bizarra acerca de un gato que contrae una enfermedad de transmisión sexual. No sé. «My thoughts are misguided and a little nave I twitch and I salivate like with myxomatosis You should put me in a home or you should put me down I got myxomatosis».

«Scatterbrain», una balada muy melódica que anticipa el sonido amigable de In Rainbows, con riffs apacibles y una melodía bellísima, concebida sobre la base de sus repiques. Menos experimental, más directa, más Greenwood. Vemos a un Thom fraseando libremente. Letras extrañas, agridulces, contrastando con la suave música: “Any fool can easy pick a hole I only wish I could fall in, A moving target in a firing range”. En la parte media las guitarras hacen disonancias y luego se agregan teclados y una segunda guitarra. Un tema redondo, bello, pero poco memorable, lejos de esa aura magnifiscente de “No Surprises”.

Pero para el final reservaron lo mejor. A «Wolf At The Door» es una de las canciones más esquizofrénicas, rabiosas y enfermizas que jamás haya oído. Con un teclado juguetón, casi de carrusel, con lentos vaivenes, similar al de «You Never Wash After Yourself» deriva inesperadamente en unos versos rarísimos y raperos de Thom en una voz muy grave, culminando con un estribillo precioso y que me da una sensación de felicidad y tristeza al mismo tiempo. Nos eleva y nos suelta en el aire. No les importa nada. La canción va creciendo de a poco, con Yorke agregando angustia y velocidad a la línea vocal. Pero lo mejor está por llegar. Unos coros terroríficos conllevan a la repetición de los versos. El problema es que ahora Thom ya no canta: grita. Grita con una furia indescriptible, salvaje, desahógandose de todas las injusticias sociales que ya habían sido descritas en el disco. La batería fulminante, delirante y a la vez delicada, es mutilada frenéticamente y todo acompañado por el riff inicial. Escuchen cuando Thom termina al fin de gritar: parece como ahogado, como que no puede más. No puede más consigo mismo ni con sus pensamientos ni con nada. El hermoso estribillo concluye al fin la canción. Tanta furia no iba a ser en vano: la letra es brillante. Imágenes sádicas, un estribillo hablando de «mantener al lobo alejado de la puerta» y de secuestrar niños, y el desahogo final de Thom es un desahogo contra todo ser que abuse de los seres humanos: inversionistas, empresarios, presidentes. «Investments and dealers, investments and dealers, cold wives and mistresses, cold wives and sunday papers, city boys in 1st class, don’t know we’re born, just know someone else is gonna come, and clean it up, born and raised for the job, someone always does».

No queda nada más por decir.