Como parte de la Competencia Internacional de la edición Nº16 del Santiago Festival Internacional de Cine organizado por Fundación CorpArtes y producido por Storyboard Media, estas películas destacan por sus elementos técnicos y narrativos.

Desde el domingo 16 de agosto y durante una semana será posible visualizar, de manera gratuita y online, las películas que componen las diversas secciones de SANFIC 2020. En la sección de Competencia Internacional se encuentran un total de ocho películas, pertenecientes a países como Chile, Argentina, España, China, Lesoto y otros.

A continuación te recomendamos tres de ellas:

El silencio del cazador (Argentina, 2019)

En la provincia de Misiones, un grupo de guardaparques se enfrenta constantemente al desafío de proteger la reserva en la que trabajan. Esto se hace complejo principalmente debido a Orlando Venneck (Alberto Ammann), un joven habitante del lugar que se dedica a la cacería y se niega a abandonar sus costumbres. Guzmán (Pablo Echarri), uno de los guardaparques, se convertirá en el principal persecutor de Orlando, debido a rencillas del pasado que involucran a su prometida Sara (Mora Recalde).

La película dirigida por Martín De Salvo destaca por su narrativa capaz de mantener la atención del espectador, con una propuesta simple pero interesante. Sus múltiples temáticas y buenos elementos técnicos la convierten en una producción audiovisual bastante completa.

En sus 100 minutos de duración, este filme nos traslada a la vida en la selva, en donde se contrapone la protección de su ecosistema a la necesidad de cazar que tienen algunos de sus habitantes. Es esta contraposición el pretexto perfecto para avivar el conflicto entre dos hombres que se han enamorado de la misma mujer. Por otro lado, la aparición del “tigre” que amenaza los animales de los pobladores constituye un elemento de misterio que se mantiene hasta el final de la película.

Blanco en blanco (Chile, 2020)

En uno de los territorios más australes de Chile, Tierra del Fuego, se prepara el casamiento del Sr. Porter, un poderoso terrateniente comprometido con una pequeña niña. Con el encargo de tomar los retratos de los novios llega Pedro (Alfredo Castro), un fotógrafo que se ve atrapado en las extrañezas de este lugar y sus particulares habitantes. Todo esto transcurre a principios del siglo XX, período en que el pueblo selk’nam aún formaba parte de este lugar.

Dirigida por Théo Court, “Blanco en blanco” visibiliza el genocidio selk’nam a través de la cámara de Pedro, quien registra las matanzas llevadas a cabo por los colonos establecidos en la patagonia chilena. La idea de superioridad hizo que estos hombres los asesinaran como un simple juego o deporte, recolectando incluso partes de sus cuerpos con el fin de obtener algunas monedas a cambio.

En directa relación con su título, el territorio hostil cubierto por la nieve, la que en ocasiones no deja ver absolutamente nada, permite que esta masacre a sangre fría quede borrada en la historia misma del país. Los cuerpos del pueblo selk’nam fueron consumidos por la naturaleza, quedando en el olvido.

La fotografía a cargo de José Alayón es una de las principales razones para ver esta película. Los paisajes cubiertos por la nieve y los retratos del pueblo selk’nam cautivan y deleitan la vista, dando cuenta de un excelente dominio del elemento técnico.

La hija de un ladrón (España, 2019)

Sara (Greta Fernández) es una joven de 22 años que tiene un bebé y debe trabajar para entregarle lo que necesita. Habita en una vivienda social, lugar transitorio, ya que debe buscar un sitio propio en el que establecerse luego de unos meses. Sin embargo, Sara no tiene a nadie a su lado que sea realmente un apoyo para ella. Por un lado, el padre de su hijo se hace presente y responsable, pero no tiene interés alguno en vivir junto a ella o continuar con su relación. Por otro lado, el padre de Sara sale de la cárcel y aparece solo para traerle más problemas.

“La hija de un ladrón” es un drama dirigido por Belén Funes que retrata fríamente, casi a modo documental, la vida de muchas jóvenes que han tenido una vida llena de dificultades y deben salir adelante pese a todos sus problemas.

Mientras busca un mejor trabajo, la protagonista tiene en mente obtener la custodia de su hermano menor, un niño afectado por el abandono de su padre y que constantemente se rebela como un modo de atraer la atención de sus cercanos. Sara debe enfrentar la presencia de su padre, quien la manipula tal y como lo hacía desde que era una niña.

La vida de esta joven representa una vida consumida por el trabajo, la crianza y los problemas familiares que se acarrean desde la niñez. Esto hace que ella no pueda pensar en nada que involucre sus propios deseos y necesidades, de forma que cada vez que le preguntan algo personal, queda completamente en blanco.