Así como hay quienes se cagan al sistema de nuestro país luchando en la primera línea, difundiendo material del estado opresor o viviendo de cualquier cosa que sea lo contrario a lo que el sistema quiere de ti. También hay otras como las de Mauricio Hernández Norambuena, conocido como el Comandante Ramiro del FPMR, quien se jodió al sistema penitenciario chileno fugándose en una escena que inspiraría, años más tarde, el inicio de la segunda temporada de la serie Prófugos (HBO) o Marcela Rodríguez alías la Mujer Metralleta quien participó en el escape de Marco Antonioletti (miembro del Movimiento Juvenil Lautaro) desde Hospital Sotero del Rio. Ambas acciones son extremas, con planes que no salen quizás como se esperaba, pero que tienen ese olor a victoria, -independiente de lo que suceda después- por el solo hecho de poder decir que se cagaron a un sistema como el de nuestro país.

Bajo este mismo alero se encuentran otros nombres, otros rostros y hechos, quizás algunos desconocidos, otros anotados y guardados en algún libro autopublicado o incluso hasta en un fanzine hecho a mano durante los primeros años del regreso de la democracia, pero al menos para uno de aquellos hechos hoy poseemos a Pacto de Fuga (David Albala), una película que justamente relata en 138 minutos, como un grupo de frentistas y presos políticos de los últimos años de la dictadura se jodieron a todo aquel dictatorial sistema.

La película nos sitúa en 1988, luego de que un grupo de reos, todos ellos ex frentistas, compañeros de armas y de movimientos de extrema izquierda eran reagrupados en el mismo pabellón de la Cárcel Pública de Santiago. Es ahí donde un grupo de ellos comienza a planear su huida de aquel lugar por medio de un túnel que cruzaría el penal hasta llevarlos nuevamente a la libertad.

Desde el minuto uno la cinta nos adentra en los pasos, logros y fallas del grupo de reos y compañeros. Liderados por un atormentado Benjamín Vicuña y un extremista Roberto Farías, pero aun así el protagonismo no cae netamente en ellos, ellos simplemente son los nombres en el poster o en los créditos, dado que el director logra darle el protagonismo a los diferentes participantes de la operación, justamente como debió haber sido aquello. Por lo mismo la angustia que van sintiendo cada uno de los reos en las diferentes escenas se logra traspasar de inmediato al espectador estableciendo una complicidad que cruza la pantalla.

En esta opera prima, el director David Albala nos golpea desde el principio con situaciones tremendamente angustiante y que van generando un gran shock emocional al momento no sólo de verlas y sentirlas, sino que gracias a aquellas letras que salen desde el inicio, aquel mítico “Basado en hechos reales”, se potencian más dichas emociones dado que, nos acerca un poco al sentir de aquellos que de verdad estuvieron ahí, excavando, planificando y vigilando cada paso para evitar que aquel túnel se transformase en su propia tumba.

Si bien la cinta más que diálogos, es acción tras acción aun así, se da el tiempo de reflexionar, de disparar ciertas conversaciones que se conectan con la realidad actual, y nos hace pensar en lo cíclico que puede llegar a ser nuestro Chile, como si viviéramos en un vortex eterno donde solo cambian el nombre del villano. Entre ellas se alzan la conversación de Patricio Velásquez, en donde el joven médico que renunciara a sus privilegios para unirse a la lucha armada le reprocha a su padre el hecho de que ellos de verdad creyeran que todo estaba bien en el país cuando en sólo están escondiendo la mugre bajo la alfombra. Otra de aquellas escenas es el conflicto del personaje de Diego Ruiz, quien reclama a su hermano el haberle dado la espalda a él y a su padre cuando decidieron unirse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, alegando que no esperaba que él ni su madre se unieran, pero que no por eso se olvidaran de ellos. Por último, la conversación que trasciende previo al escape es la que tiene el mismo Benjamín Vicuña con un ex frentista en silla de ruedas, en donde Vicuña le pregunta si escaparía sí pudiera, a lo que su compañero responde que no, que no lo haría, dado que este hace propios sus errores, sus logros, pero también sus fracasos, que no escaparía de ellos, rematando de que este debe correr, correr por él, y por todos los compañeros que no pueden, por los que cayeron el camino o los que nunca más pudieron volver ni levantar banderas de lucha ni puños en alto.

Pacto de Fuga nos instala en una situación extrema, en una época que parece más actual que anterior a los 90, no sólo nos muestra el encierro, las frustraciones, peligros y las lágrimas de hombres heridos, hombres que quizás lo hayan perdido todo por marchar, tomar un fusil e intentar hacer justicia por sus propias manos contra la tiranía que ejerció en Chile durante 17 años, lo cual queda plasmado en cada escena donde los gendarmes, oficiales del ejército y el alcaide de la Ex Cárcel Pública de Santiago tienen protagonismo, en donde ellos ponen la última palabra a punta de lumazos, palizas y torturas. Pero pese a todo lo anterior, Albala nos muestra aquel lado teñido de esperanza como lo son los avances del túnel, los planes y ayuda que comienzan a llegar desde fuera de la cárcel y el logro final que es la libertad, pero por sobre todo el logro de un grupo de personajes que se cagaron a un sistema, a una dictadura y un país que alguna vez los situó como terroristas, siendo que los verdaderos terroristas estaban –y están- en la vereda de enfrente.