La trova chilena se ha desarrollado estrechamente con la historia del país, desde duras épocas hasta la relativa paz. Hace varios años vimos florecer grandes artistas que quedaron en nuestras memorias, y estos tiempos no pueden quedarse ajenos de expresión musical. La trova está más viva que nunca y así lo ha demostrado Tata Barahona, con su permanencia por más de 25 años en nuestro imaginario colectivo.

El pasado 18/12 Pedro “Tata” Barahona alzó la voz en un show repleto , llevado a cabo por la productora; Creativa y Hera Managment en el Teatro Municipal de Ñuñoa. Junto a la banda LSD, el Tata fue ovacionado en cada una de sus canciones. Compartiendo no tan solo las melodías de su guitarra, si no que un profundo mensaje social y reflexiones a nuestros corazones.

Fotografías e Imágenes fueron las primeras condensaciones de la música del cantautor, y con ellas pudimos escuchar el reflejo cultural que podía llevar a cabo, simplemente con su guitarra y una gran vivencia. Éxitos como “Cuarto Piso”, “La mejicana” o “Adicciones y resentimientos” han sido himnos populares a través del tiempo.

El recinto de Ñuñoa fue el encargado de ver el nacimiento de Retratos, el último disco de la trilogía de vida de este trovador. Retratos de visitas, paisajes, amores y tiempos, algunos frescos, otros, reliquias ya enmarcadas.

Todos los asistentes teníamos pleno conocimiento del contenido en la música de este cantautor, con la crítica política y el mensaje social de sus letras, sabíamos que esperar bajo esta responsabilidad. En el ambiente se sentía perfectamente, algunos carteles levantados, “Nunca más sin nosotras”, dibujos de ojos ensangrentados, y algunas consignas que se hacían escuchar en la previa.

21:10, el autor de “Te vas de mi” hace su entrada triunfal al escenario, con gritos de guerra y junto a su cofradía de música y teatro medieval; Calenda maia. Todos caracterizados y con instrumentos que asimilaban las tonalidades del medioevo daban un eufórico inicio al show, exclamando: “¡Son diez!”; los años desde el inicio de este camino, titulado Fotografías.

El concierto continuó con canciones de este último disco, “Yo sigo aquí” y “Será que hay duendes”, mezclándolas con algunas canciones de su pasado, “Neltume” o “Te vas de mi”. Todas ellas de tonalidades similares, generando una gran intimidad entre el músico y todo el público, acercándonos a sus experiencias y el significado de sus composiciones.

Luego, junto a la profunda y melancólica “Descubrí”, hablando de sus amores y decepciones introdujo una sección completamente dedicada a los Retratos. En su mayoría canciones escritas hacia sus hijos. Era evidente la pasión con las que cantaba sus letras, los retratos afloraban a la vista y transmitía su sentir, que erizaba la piel de cualquiera allí presente.

Dentro de este disco, incorporó – como relata – una de sus primeras canciones, escrita en 1993 y presente también en su disco casero Trovador. “Una mujer”, pieza que retrata los aconteceres diarios de esa época, reflejando el machismo imperante. Una transición del absurdo concepto de crímenes pasionales, hacia los Femicidios. Seguido de la frase “El machismo mata”, y un gran aplauso, interpretó la canción.

Le siguieron “Desjure” y “Hallándote”. Luego el show se llenó de alegría cuando comenzaron a sonar sus éxitos de discos pasados. La verdulería de “Hay helado a cien” y una explosión de silabas y pronunciaciones con “Mihanguin Bunia” cantadas por todo el teatro.

En la última parte del concierto el Tata Barahona tomó su puesto como artista social y con un elevado discurso, sacó a luz su opinión. Apoyando los movimientos sociales y el descontento justificado de toda la población, voz que se ha hecho escuchar en todo el país y el resto del mundo, “Despertamos y no hay que volver a dormirnos”.

Exclamando consignas acerca del poder, de los abusos y las injusticias, comenzó a escucharse “Retrato de Chile”, seguida de “No le entregues el poder”, “Adicciones y resentimientos” y “Luz de rabia”. Canciones de un alto calibre social, escritas años atrás, pero que aún permanecen vigentes en nuestra lucha.

No fueron cantadas, si no que fueron entonadas como gritos de protesta y desahogo. El contexto dio paso a una energía increíble, casi tangible, de la cual tanto grandes como pequeños fueron participes.

Finalmente, Tata Barahona se despidió de su gente con “Terrible loco” y “Republica” dejando una sensación de satisfacción y entusiasmo en el público, junto a su banda y María Alfonsina (su guitarra) apagaron las luces del escenario, para poner fin a una jornada cargada de emociones.

Revisa la galería de imágenes / Fotografías por Axel Perez