Un amor que llega a revolucionarlo todo. La hechizante historia creada por Pedro Lemebel fue vista por más de 100 mil personas durante el 12 y 13 de septiembre en su pre-estreno. La Loca del Frente llegó para quedarse.

Santiago, 1986. En medio de una ciudad fracturada por la dictadura y un reciente terremoto, vive la Loca del Frente (Alfredo Castro). Como parte de la invisibilizada disidencia sexual en una época donde todo se ocultaba, ella vive en la oscuridad. Cada noche, enciende la radio y escucha boleros mientras se maquilla y pone sus tacones. En bares clandestinos se reúne con otras travestis, donde con sus cantos y bailes se roban el show. Una vez que este termina, la loca, que a su edad ya no espera nada más que un encuentro casual, obtiene algunas monedas de los hombres que buscan pasar un buen rato en el “Cine para adultos”.

“¿Por qué tuve que conocerte?, se preguntó la loca mirándolo desaparecer. Pudimos no habernos cruzado nunca”

—Pedro Lemebel. Tengo miedo torero (2001).

Una de aquellas noches en las que todo sale mal, el show es descubierto y las locas arrancan de la policía. Los balazos se escuchan por detrás, mientras la Loca del Frente corre por su vida. De la nada, un joven guapo y bien vestido llega para salvarla. Su nombre es Carlos (Leonardo Ortizgris) y en un principio, sus intenciones no son claras. Pero, sin duda, el príncipe le revuelve el corazón con su encanto.

La película, adaptación de la única novela de Pedro Lemebel, Tengo miedo torero (2001), fue dirigida por Rodrigo Sepúlveda. La idea de realizar la versión cinematográfica de esta historia de amor y subversión se había conversado por años, incluso con la aprobación del fallecido escritor y artista. Iniciada la producción, el 2019 se anunció que el protagonista sería encarnado por Alfredo Castro, actor que Lemebel había escogido para su personaje. En el elenco, se cuenta con renombrados actores como Amparo Noguera, Jaime Vadell, Julieta Zylberberg, Luis Gnecco, Ezequiel Díaz, Sergio Hernández y otros.

Su estreno llega en una fecha sensible para el país, en un mes y ambiente cargado de memoria. Lemebel fue un hombre contestatario, que a través de sus letras y la performance, emitió un discurso fuertemente opositor a la dictadura. Como escritor de la disidencia, sus relatos representaban a aquellos que no eran considerados como parte de la sociedad: pobres, homosexuales y mujeres.

«Lo que ella quería era despertarlo, decirle que su amor silencioso la estaba asfixiando»

Carlos, un hombre de pocas palabras, poco a poco se involucra en la vida de la loca. Su casa amplia y empobrecida, destruida además por el terremoto, resultaba el lugar perfecto para esconder unas cajas llenas de “libros”. La Loca del Frente no se demora mucho en comprender que estos libros son en realidad armas, pero el cariño por el joven no dejaba de crecer. El mexicano es en realidad un guerrillero, miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que junto a sus compañeros planea un atentado contra Augusto Pinochet. La minuciosidad es clave, razón por la que todo en la vida de Carlos tiene un aire de secreto y misterio.

Esta es una historia de amor no correspondido (¿lo es realmente?). La emoción de la loca por volver a experimentar el amor la vuelve ciega frente a las verdaderas intenciones del joven guerrillero. De forma inconsciente en un principio, pero ya consciente hacia el final. Desea dejarse llevar por la ilusión de este amor que nunca llegará, en parte por la necesidad de sentirse querida y escuchada. Carlos la quiere, a su manera, pero es imposible no notar que existe una utilización de por medio. La loca se da cuenta, y es aquello lo que más le duele.

“Me enamoré de ti como una perra, y tú solamente te dejaste querer”

Sin duda, en la película se hace notar la prosa poética de Pedro Lemebel. Pequeños elementos y detalles se van incorporando, los que representan la vida misma del escritor en una especie de homenaje. La banda sonora incorpora las canciones de artistas como Lola Flores, Paloma San Basilio y Chavela Vargas, las cuales fueron parte de los propios gustos musicales del escritor.

La Loca del Frente es, en cierto modo, un conjunto de fragmentos autobiográficos de Lemebel. La discriminación que vive la protagonista por su homosexualidad, pobreza e identidad reflejan la vida de su creador, quien incluso en la izquierda política no tuvo un buen recibimiento, razón que lo llevó a dejar su militancia en el Partido Comunista.

Su elenco es digno de aplausos, sobre todo en lo que respecta a los protagonistas. Alfredo Castro es capaz de encariñarnos inmediatamente con este personaje queer que no le teme a enfrentarse a los demás, incluido Carlos. Por otra parte, Leonardo Oritzgris sorprende con un papel que logra conquistar a la Loca del Frente y a nosotros como espectadores. La idea de este guerrillero mexicano que podía generar algo de ruido, considerando que el personaje de la novela era chileno, cumple y sobrepasa las expectativas.

¿Cómo se puede olvidar aquello que nunca se ha tenido?

Los puntos débiles de esta película son casi inexistentes. Habría sido interesante adentrarse un poco más en la planificación del atentado, lo que le habría otorgado más credibilidad y potencia a la narrativa. El ataque a Pinochet nunca lo vemos, por lo que es difícil imaginar cómo fue y cómo Carlos se involucró en este evento tan crucial. Los integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez tienen un propósito claro, el cual se deja de lado para privilegiar la relación entre Carlos y la Loca del Frente.

La fotografía, a cargo de Sergio Armstrong, nos hace ver los colores de un Chile desolado, con la esperanza del renacer. La oscuridad es un elemento presente a lo largo de sus 90 minutos de duración, la que refleja la esencia de este personaje ignorado, escondido de la sociedad. Es un ser invisible, lo que se ve demostrado en una de las escenas más memorables de la película, cuando en medio de una manifestación todos caen al suelo frente a los militares, excepto ella: nadie la ve, no es una amenaza.

Con la aparición de Carlos, la existencia de la loca adquiere un renacer y un propósito. Ahora es visible por un otro, quien la hace visible a los demás. El amor la llena de colores, pese a la desesperanza existente desde el comienzo. Sus propias ideas cambian, haciéndose consciente de la realidad de su país, país que la ignoró lo suficiente.

El atentado falló, eso lo sabemos por la historia misma. Y tal como le dice la loca a su príncipe: “¿Te fijas cariño, que a mí también me falló el atentado?”, el intento de conquista también fracasó. Esta es la historia de un amor unilateral, capaz de dejarte vacío y con el corazón roto por varios días. El atentado a Pinochet es lo único que pudo haber reunido a personas como la Loca del Frente y Carlos, convirtiéndose este en una metáfora del intento de la loca por conseguir el amor de este joven, el que es tan fugaz como el atentado fallido.

Películas como esta marcan un antes y después en la cultura chilena. Pedro Lemebel es un artista que cobra más vigencia que nunca, con sus textos y arte, en un momento en que la sociedad empieza a dejar de lado los prejuicios y lucha por una vida más justa. En una fecha tan especial, Tengo miedo torero revive una época difícil, esta vez desde el punto de vista de quienes han sido más ignorados por la historia. Y nada mejor que a través de un relato lleno de amor y revolución.