El fenómeno OVNI o de los Platillos Voladores ha sido uno de los misterios de la ciencia ficción que más repercusión ha tenido en distintos medios, ya sea escritos, radiales o audiovisuales. Es así como han aparecido textos como La Guerra de los Mundos de Wells o Crónicas Marcianas de Bradbury, aparte de cintas como Encuentros Cercanos del Tercer Tipo o El día en que la tierra se detuvo, pero a su vez también grandes programas de tv como lo son Los Archivos Secretos X o La Dimensión Desconocida, piedra fundamental de la televisión norteamericana a la hora de relatar misterios e historias de terror o ciencia ficción.

Temas como los tratados en los libros, programas y películas nombrados, son a los que el director Andrew Patterson se aferra para seguir explorando el mito del objeto volador no identificado, no como una película de ciencia ficción tipo Arrival o Super8, sino que todo de forma más análoga y teatral, casi como al estilo de las viejas películas del género

The Vast of Night  –opera prima del director y que se encuentra en Prime Video-, es una cinta nos adentra a la década del 50, en un pequeño pueblo en Nuevo México, donde una operadora de la central telefónica y un locutor de la radio local captarán un mensaje extraño, una señal desconocida, que los llevará por un camino de historias increíbles y misterios sin explicación alguna. Todo esto mientras el resto del pueblo es espectador de un partido de baloncesto de la secundaria local contra la del pueblo vecino, convirtiendo así a la joven pareja en los únicos espectadores de lo que sucederá esa noche.

Desde el minuto uno el director plantea esta cinta no como la típica película de ciencia ficción y platos voladores, sino que desde su inicio la presenta como una historia, un relato que quizás pasó, que quizás no paso, pero de igual forma logra capturar la atención del espectador, sin la necesidad de abusar o recurrir a la pantalla verde y al CGI, o incluso, sin todavía adentrarse a la trama principal de la película. Dicha expectación e interés lo logra por medio de encuadres precisos y extensos planos secuencias que no sólo expresan una belleza visual, sino que también se transforman en un factor a la hora de generar tensión e intriga a lo largo de la historia. Lo anterior no sólo habla del buen ritmo que posee y plasma Patterson a la hora de rodar, sino sobre todo del pulso narrativo, – que construye junto a Craig W. Sanger-, y que tiende a ser el principal motor y músculo de este thriller fantástico.

Pero ustedes dirán ¿Qué tiene de buena una película de ovnis sin los ovnis? Esa pregunta tiene una sola respuesta, la cual es: El misterio.

Siempre nos expusieron a películas de extraterrestres con grandes escenas de platillos voladores, naves espaciales atacando los monumentos de la tierra o pilotos de guerra combatiendo contra los alienígenas, donde el tema principal está en la sobreexposición de los fantástico, para lograr así, la atención del espectador.

En The Vast of Night, aquella atención se genera por el relato en sí y los caminos que este va tomando para mostrarnos cómo es que Fey (Sierra McCormick) una simple adolescente que trabaja en la central telefónica, y Everett (Jake Horowitz), un radio locutor local se ven envueltos en un misterio inexplicable, el que involucra señales desconocidas en plena guerra fría, conspiraciones sobre soldados mandados a cavar hoyos en medio del desierto, y un resto de personajes secundarios que irán encaminando a nuestros protagonistas por un sendero atractivo, peligroso y a veces hasta un tanto terrorífico, todo por medio de aquel pulso narrativo que va creando la atmósfera y el suspenso para hacernos quedar pegados a la pantalla por una hora y media, con tal de saber cómo es que terminara dicha historia.

Para finalizar, esta cinta no sólo nos habla de misterios y platillos voladores, sino que nos habla de que aún hay quienes abrazan la ciencia ficción no sólo como un espectáculo visual, sino que como una obra narrativa, dejándonos a nosotros los espectadores especulemos con los elementos que la cinta nos muestra y nos deje alucinar a cada uno de forma distinta, como si se tratase de un libro o un radioteatro, el cual justamente aparece en el año más extraño de todos, pero también el año en que se celebra el centenario del nacimiento de Ray Bradbury, uno de los pilares que de la literatura de ciencia ficción. En fin, acontecimientos que, estando sueltos, no significarían nada, pero juntos sin querer, forman una coincidencia que hacen atesorar aún más cintas e historias como la que nos cuenta en The Vast of Night.