Una de las voces más prolijas y bellas que la música ha entregado en las últimas dos décadas, falleció el 23 de julio de 2011, hace exactamente 10 años.

“Estaré aquí para siempre. ¿Y tú?», ese fue el mensaje que en la madrugada Amy Winehouse le envió a su amigo Kristian Marr, estaba en su cama, había bebido sin parar, unos minutos antes su guardaespaldas fue a su habitación y no notó nada extraño, su alcoholismo era algo natural entre sus cercanos, no se preocupó y se fue, a las diez de la mañana al volver la vio en su cama, “¿Amy?”, no recibió respuesta y se va, a las tres de la tarde preocupado vuelve y la ve inerte entre sus sábanas, se acerca a ella y descubre algo predecible. Amy llevaba muerta varias horas.

La cantante había dejado las drogas luego del bochornoso show que dio en Belgrado, pero no el alcohol. La noche anterior la había visitado su madre, había hablado con su doctora, ambas la vieron subida de copas, pero no se preocuparon. Al momento de morir, Amy presentaba 4.16 gramos de alcohol en su sangre, mucho más del límite soportable que es 3,5, había caído en coma etílico, su muerte no se considera un suicidio, más bien un accidente.

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Amy se fue en soledad, como vivió sus últimos meses, estaba aislada, alejada de sus mejores amigas, su último novio Reg Traviss la había dejado unos meses antes, llamaba regularmente a su ex novio Blake Civil Fielder a la cárcel, fue él quien la introdujo en el mundo de las drogas duras y en un deterioro emocional y físico del cual no pudo salir, el mal manejo de la situación por su padre, Mitch Winehouse, junto a los pocos escrúpulos para lucrar con la carrera de su hija sin importar su bienestar, fueron parte un agravante a su condición al final de sus días. Amy no había soportado el precio de la fama, el constante acoso de los paparazzis y fotógrafos, se fue sola, rota, sin pasión en sus últimos días, pero con ganas de salir de ese oscuro momento, tenía planes.

Su álbum Back To Black, está basado en su relación tóxica con Fielder. Con una personalidad rebelde, entró a una escuela de música a los doce años, pero fue expulsada por no ser aplicada y ponerse un aro en la nariz. A los quince se hizo su primer tatuaje, una pequeña Betty Boop en la espalda. Su característico peinado, el “Beehive”, es un tipo de moño inspirado en crepé de los años 50 y 60, el cual era sinónimo de rebeldía, este llegó a medir 20 cm sobre su cabeza.

Antes de su segundo disco le preguntaron si alcanzaría la fama mundial, ella respondió: “Mi música no está en ese nivel, no creo que vaya ser famosa, Yo no creo que pueda manejarlo, creo que me volvería loca, sé que me volvería loca”.