Excesos, decadencia, angustiante y simplemente delirante. Es así como se siente Uncut Gems, un filme que saca a relucir lo mejor de Adam Sandler, sí, Sandler el mismo de los chistes de pedos y de la comedia absurda que tanto se jactaba de ser fan “Sebadilla”, pero acá no hay nada de eso: no hay flatulencias, ni comedia física, ni nada de lo que Adam Sandler nos viene acostumbrando desde Billy Madison y Happy Gilmore.

Para esta cinta, los hermanos Josh y Benny Safdie nos presentan a Howard Ratner (Sandler), un hombre de negocios, dueño de casas de empeños y un conocido en el ambiente de las apuestas y el bajo mundo de los negocios de Nueva York. Es aquella reputación la que lleva a Ratner a cometer distintos errores y aciertos, pero más que nada errores que en el transcurso de la película lo ponen a cada minuto contra las cuerdas, siempre a punto de ganarse una bala en medio de los ojos, pero también así mismo se encuentra igual de cerca de resolver todos sus problemas de dineros y préstamos usureros, por medio de apuestas y negocios un tanto ilegales. Por lo anterior, se podría decir que dentro de toda la ficción entre la que se construye el personaje de Ratner, también hay un deje de no ficción, sobre todo en relación al mundo y la vida de excesos que este deambula tan decadentemente tanto el personaje de Sandler como aquellos que se relacionan con él.

Uncut Gems o Diamantes En Bruto, si bien nos presenta una historia que ya hemos visto -tanto de la mano de los Safdie en Good Time (2017)-, como también con cintas tipo Wall Street de Oliver Stone, El Apostador (2014) de Rupert Wyatt o incluso El Lobo de Wall Street (2013) con la dupla Di Caprio y Scorsese. Todas cintas que nos hablan de personajes obsesivos y adictos al triunfo y al dinero fácil. Entonces, ¿qué hace tan original a Uncut Gems? Aquello es simplemente la interpretación sobresaliente de Adam Sandler, la cual no sólo se sostiene durante los 135 minutos de película, sino que es el centro de este universo lleno de caos y decadencia, la cual va en un constante aumento con cada decisión, ya sea acertada o errada por el protagonista, caminos que a la larga logran la conexión entre espectador y protagonista, sobre todo por querer descubrir hacia dónde se dirigirá la caótica vida del amado, -pero por sobre todo- odiado Howard Ratner.

Dentro de lo anterior, un gran responsable de aquella brillante actuación y conexión de Sandler con su universo y nosotros, es el guión. Construido por los hermanos Safdie en conjunto con Ronald Bronstein, quienes nos entregan un material, ágil, rápido y tan caótico como las actuaciones de cada uno de los personajes, lo cual se ve plenamente reflejado en cada diálogo que hay entre ellos, pero en donde el principal favorecido por dicho caos es el personaje de Sandler, pero aquello no es sinónimo de la fortuna que tendrá nuestro protagonista, sino todo lo contrario, dado que cada palabra que expulsa Sandler en el papel de Howard le va dando vida y forma la decadencia caótica que este va teniendo a lo largo de la cinta

Otro de los puntos clave de Diamantes En Brutos es la música que acompaña cada una de las situaciones, este principalmente se compone de angustiantes sintetizadores y ritmos que llevan la angustia y ansiedad de las situaciones a un nuevo nivel en donde logra expandirse la escena y el diálogo de turno y traspasar la pantalla sintiendo muchas veces una parte de toda la miseria que nuestro protagonista va teniendo. Aquello, es gracias a la composición y el arte del músico Daniel Lopatin, quien vuelve a compartir la complicidad con Josh y Benny Safdie, siendo su anterior trabajo, otra delirante secuencia de sintetizadores, pero para la que fue su cinta Good Times con Robert Pattinson de protagonista.

Para terminar, no hay más que elogios para este trabajo de Sandler bajo la dirección de los hermanos Safdie. Ya estaba bueno que Sandler se dejara de papeles mediocres e idiotas y de verdad demostrara que es un actor mucho más allá de chistes de peos y eructos, tal como ya lo había hecho de la mano de Paul Thomas Anderson en el drama de Punch-Drunk Love (2002). Ojalá este sea el nuevo camino de Sandler, que se deje de hacer comedias absurdas con el grupete de amigos, y que comience a deambular en el circuito independiente, reescribiendo de una vez y para siempre su carrera como actor.